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BAILADORES ESTA PRESENTE EN TODOS LOS CAPÍTULOS
DE LA HISTORIA NACIONAL



Sesión Solemne de clausura del año Cuatricentenario de Bailadores, en el Salón "19 de Mayo"

de la Casa Municipal, 14/09/2002


En aquellos años los caminos sólo estaban en la imaginación de los españoles, en sus ambiciones y en sus desordenados planes de conquista. ¿Eran planes?. No. Eran improvisadas propuestas surgidas al calor del tedio y del ocio.

Todos los forasteros eran arrojados, valerosos y para sobrevivir no disimulaban el despliegue de su espíritu salvaje. Les orientaba la intuición y se apoyaban en el ánimo infundido por el compañerismo. La lejanía del centro del poder monárquico facilitaba las aventuras y correrías.

La selva impenetrable tejió sus verdes mantos durante años. No habían parido las madres de los osados conquistadores cuando los caudalosos ríos se movían en perfecta armonía con el paisaje. La especie humana no causaba el daño que hoy conocemos.

Los relatos de frustrados expedicionarios y de solitarios aventureros fueron dando perspectivas a mapas imaginarios que finalmente tuvieron certeza a la hora de empujar los hombres hacia las sierras nevadas.

Pamplona era la tercera ciudad en importancia en el Nuevo Reino de Granada. Tunja primero y luego Santafé eran los centros más notables. La teórica jurisdicción municipal pamplonesa limitaba con sus hermanas ciudades y con los imprecisos límites de la Audiencia de San Domingo de Guzmán.
Un espacio territorial tan vasto como la Venezuela de hoy. Imposible de regir y dominar si no se penetraban selvas y montañas, si no se sacrificaban vidas humanas.


Para ejercer ese dominio vinieron munícipes pamploneses, vecinos, comerciantes y aventureros de oficio. Todos investidos por la autoridad del ayuntamiento, poseídos por la ambición personal y deseosos de abandonar la decaída Pamplona, ante el agotamiento de las minas.


Los predios municipales vivieron el auge minero durante cortos años. La crisis impulsó a los expedicionarios hacia la montaña para encontrar otras minas. Relatos verbales daban cuenta de metales preciosos en el oriente. Eran propiedad del municipio y de la Corona.

En una sesión de cámara, a la manera de cabildo abierto, en marzo de 1558, se aprobó comisionar al alcalde Juan Rodríguez Suárez para organizar el viaje y encontrar la salvación del erario municipal.
Tres meses mas tarde salieron los hombres que se constituyeron luego en descubridores de estas tierras y tres meses mas, en septiembre, surgió el nombre de Bailadores.

Los nativos y su entorno
La expedición pamplonesa no incluyó escribano, cronista ni sacerdote.

Esas ausencias impidieron conservar relatos verídicos. Se trataba de un grupo buscador de minas. No interesaba guardar datos de pobladores ni detalles de la vegetación o de la hidrografía. Bastaba con encontrar las minas y recordar el lugar.

En la inmensa geografía pamplonesa estaban cientos de grupos de nativos. Todos tenían expresiones orales, usos espirituales, costumbres, cultivos, alimentos, enseres y armas. Por supuesto, ocupaban amplios espacios sólo demarcados por la presencia de otra tribu o grupo.

En estas tierras vecinas estaba una de las comunidades más importantes en número. Los documentos prueban que se trataba de cien personas en treinta y cinco casas.

Han podido ser de mayor número antes de la visita española.

¿Cuál era la denominación propia de los nativos?. No hay pruebas de un nombre determinado. ¿ A qué familia pertenecían? Es un atrevimiento e irresponsabilidad decir cualquier nombre.

Con Rodríguez Suárez opera la primera acción de despojo de tierras y casas. Al encomendero Juan Corzo se le asignan los terrenos y las que debieron ser rústicas viviendas.

Desde entonces comienza un largo peregrinar para esos hombres, mujeres y niños que intempestivamente recibieron la visita de forasteros a caballo, armados con mortales objetos y acompañados de feroces perros.

La visita de Rodríguez Suárez produjo modificaciones en la vida nativa, por el sorpresivo ataque y la ocupación de las propiedades. Incurrimos en inexactitudes si afirmamos que los nativos de 1558 eran los mismos de 1601 o por lo menos sus descendientes.

Son ellos los que en adelante se denominaron "Bailadores o "los Bailadores". No se puede afirmar si esos antepasados nuestros son los mismos Cogotes, Caricuenas, Baberiquenas, Iriguacas o Mocotíes. Pudo ocurrir la agregación espontánea de nativos en otras comunidades, no obstante las prohibiciones existentes.
En la fundación del pueblo en 1601 intervienen parcialidades en pequeño número. Si asumimos que la cifra promedio en cada asentamiento era de cien nativos, lo reducido de los grupos Yeguines, Mocotíes y Bailadores nos permite observar la gran modificación operada en menos de cincuenta años.

Traslados ilegales fuera de sus tierras de origen, enfermedades y crueles castigos ayudaron a diezmar la población autóctona.
El orgullo del nombre
Un hecho afortunado es que durante cuarenta y tres años antes de la fundación se mantuvo en los documentos el nombre de Bailadores y eso permite afirmar que el origen data ya de hace cuatrocientos cuarenta y cuatro años.

Aunque se trata de una denominación hispana y no hemos encontrado la expresión originaria y nativa, tenemos que afirmar que la comunidad exhibe con orgullo la identificación de sus antepasados, lo que no ocurre con muchas poblaciones del país y con los vecinos de Tovar y Zea, que vieron desaparecer los sonoros nombres de Mocotíes y Murmuquena.

La trayectoria histórica bailadorense y el prestigio nacional conquistado es un permanente homenaje a esos héroes anónimos y a la vez víctimas de la conquista, injusta cuota para imponer el modelo monárquico de lejanas tierras europeas.
La validez de la fundación

1601. Bailadores existe, pero no es pueblo a la luz de la legislación real. Sus hermanos vecinos, Pueblo Hondo, Portachuelo, Mocotíes y Estanques, conforman la parte oriental del enclave municipal gritense. Son lugares con identificación geográfica, asiento de los beneficios políticos de la época, de las estancias y hatos de españoles y gritenses.

Los nativos han quedado esparcidos por numerosos lugares. La encomienda no ha sido la solución para conservar a los naturales en condiciones humanas que les permitan promoverse y llegar a ser propietarios con algún grado de prosperidad.

En cuarenta y tres años solo han evolucionado en el conocimiento de la cultura religiosa cristiana y en la expresión verbal de Castilla. Una disimulada esclavitud domina el territorio, mientras los doctrineros buscan atemperar los ánimos violentos y los deseos de abandonar las pequeñas comunidades.
En la península se conocen los informes. Aunque miles de toneladas de oro llegan a los puertos para satisfacer la voracidad imperial, las cortes palaciegas también se preocupan por la suerte de los indígenas americanos.
Es por esa razón que se quiere agrupar la población nativa en lugares urbanos como sitio de residencia y adoctrinamiento cristiano, mientras se mantienen las labores agrícolas y el beneficio económico de la encomienda.

El catorce de septiembre de 1601, Bailadores pasa a la condición de pueblo de indios, dependiente del ayuntamiento de la Ciudad del Espíritu Santo de La Grita, mediante un acto que dirige el encomendero Luis Martín y del cual queda la constancia debidamente firmada.

Es un acto de fundación con todas las formalidades legales, con la definición de los solares familiares, con identificación del terreno de la iglesia y con ubicación de la autoridad. No queda definido el gobierno local, pero se indica la existencia de caciques, figura que en la historia regional años mas tarde se comparte con la de los capitanes.

La presencia de parcialidades de lo que hoy es Táchira y parte de Mérida revela la supremacía de Bailadores como sitio sano para residencia, con presencia de estancias en producción y hatos de ganado que datan de 1578, de la visita de Francisco Cáceres, veintitrés años atrás.

La fundación no fue seguida del éxito esperado, porque los aportantes de población indígena, mas temprano que tarde volvieron a tener en sus cultivos tan calificada y barata mano de obra. No podía ocurrir de otra manera en tan lejanos parajes. Los escasos doctrineros no evitaron todos los atropellos a la especie humana, mientras que la propia autoridad era parte del injusto sistema.

Benito Vásquez Hermoso hizo una nueva fundación con mayor fortuna, el 25 de abril de 1628. Otros documentos revelan que un año antes, el 24 de mayo de 1627 el encomendero Juan Mejías recibió encargo para una fundación, en predios del actual sector Nieto. Es un aspecto que debemos clarificar oportunamente.

Para eso son las investigaciones históricas, para despejar dudas, para eliminar aproximaciones y para aclarar hechos.

La validez de la fundación de Luis Martín soporta cualquier prueba, tiene una documentación concreta y por eso con justificación plena celebramos hoy la clausura del año cuatricentenario de Bailadores.

Presente en la historia nacional

Bailadores está presente en todos los aspectos importantes de la historia nacional, desde la etapa colonial hasta la republicana. Su desarrollo es la vivencia del indio con el encomendero, la presencia del blanco y la égida del sacerdote, la lucha abierta y precursora por la independencia, el combate armado por la separación de España y la agricultura como propósito alimentario a gran escala.

Es Bailadores lugar de doctrina y sin llegar a tener la condición de curato alcanza el título de Vice - Parroquia y luego Parroquia, convirtiéndose en la más antigua de nuestra entidad.

Cuatro décadas después de la fundación dos congregaciones de agustinos, calzados y descalzos, comparten su misión espiritual y para destacar la importancia solo basta decir que por aquí pasaron dos arzobispos bogotanos, en visitas canónicas.
Los precursores de la independencia americana también nacieron en estas tierras. Cuando la revolución de los comuneros inquieta a la Corona, son bailadorenses los que inflaman el conflicto en Mocotíes, Estanques, Ejido y Mérida. Rinden como tributo el honor, la sangre y el dinero para reafirmar una convicción.

Cuzco, Zipaquirá, El Socorro, La Grita y Bailadores comparten sitial en la historia americana por su adhesión a ese movimiento que buscaba imponer la justicia frente a la opresión impositiva.

 

Bailadores no solo se adhiere sino que aquí se proclama a los americanos la necesidad de abolir la esclavitud. Y no solo de palabra. Los primeros esclavos del reino fueron liberados en la hacienda de la parroquia eclesiástica.

Los hijos de la tierra se sumaron ardorosamente a la causa de la independencia. Los que pudieron combatir lo hicieron, mientras otros sumaron apoyo alimenticio, en equipos de combate, animales y dinero para que fuera posible llevar a cabo con éxito la campaña admirable y se pudiera superar lo que parecía ser el peor momento del proyecto independentista.

Simón Bolívar vino con su cuartel general. Sus tres visitas constituyen el capítulo más conocido de la historia local. Los escolares vivimos con especial emoción esos relatos del aula sobre el Libertador, la familia Belandria y la casa bolivariana.

Con Bolívar compartieron la amistad y el apoyo bailadorenses Antonio José de Sucre, José Antonio Páez, Rafael Urdaneta, José Félix Rivas, Atanasio Girardot, Antonio Ricaurte, entre otros destacados hombres, por igual neogranadinos, grancolombianos, colombianos y venezolanos.

Es Bailadores asiento de una de las municipalidades mas ilustres de la naciente república. Su adhesión mediante proclama del ayuntamiento en octubre de 1810 es un hecho que refuerza la vigencia política del proyecto independentista.

No obstante el entusiasmo de los ediles y su cooperación, la incipiente república naufragó en las aguas de la anarquía e incompetencia, y una nueva prueba de su compromiso debieron dar los bailadorenses el veinticuatro de enero de 1823, cuando las tropas del General Antonio Paredes y el Coronel Cruz Carrillo derrotaron a las huestes hispanas.

Si Carabobo consolidó la independencia de Venezuela, Bailadores selló la independencia de la provincia de Mérida y reafirmó con sangre de sus hijos la diluida declaración del Concejo Municipal suscrita trece años antes.

Y como se trataba de consolidar la libertad mediante la autosuficiencia alimentaria, Bailadores no queda para la contemplación de sus glorias sino que comienza a forjar la nueva independencia mediante el esfuerzo de sus hijos.

Culminados los avatares bélicos aquí se comienza a trabajar en el campo, en la producción de alimentos y en pocos años las harinas y granos de la Villa obtienen ventaja sobre la producción merideña, tachirense y santandereana.

Si el camino y el ejemplo de Bailadores hubiesen sido el gran signo de toda la República, resultados distintos habrían identificado los dos siglos precedentes y otra sería la suerte de los venezolanos.

La gente de Bailadores supo forjar la libertad con las armas, pero también entendió que el camino de la paz, mediante el trabajo y la unión, era lo que terminaría por consolidar los logros del campo de batalla.

En Bailadores no se dio el bochornoso espectáculo de militares demandando tierras, bienes y primacía social por haber luchado en los ejércitos libertadores. Tampoco sus hombres incendiaron la patria con guerras intestinas por insatisfechas ambiciones y por no entender el beneficio de la paz y la unidad.

De ese espíritu bailadorense, acertivo y creador, queda el ejemplo de Pedro Juan Arellano, notable personaje del siglo diecinueve que por igual fue buen parlamentario, buen político y buen catedrático. Senador, Gobernador y Rector, con Arellano el municipio tiene la deuda de una buena biografía.

Un lujoso catálogo de valiosos educadores, músicos, médicos, militares, sacerdotes, abogados, ingenieros, productores, etc., despliega con orgullo el municipio. Y de ese empeño hacedor de transformaciones, desde la sencillez del campesino, los ejemplos abundan.

Bastan dos ejemplos para provocar el recuerdo grato. Don Luis Zambrano, el genio de la hidráulica y Don Baudilio Belandria, el mago de la fragua, caracterizan a los recios y geniales hombres del campo, con vivencia íntima del servicio sin medida y con una inspiración científica que linda con lo insólito, porque parte del silencioso autodidactismo montañero.

Don Baudilio es hoy exaltado al salón de los hijos ilustres, justo premio a una vida orientada al servicio social, revestida de innovación creativa y pletórica de ejemplar sencillez.

Bicentenario de Bailadores independiente

Ocho años nos separan del Bicentenario de la Declaración de la Independencia de Bailadores. Tiempo suficiente para que hagamos reflexión íntima sobre la manera como debemos celebrarlo, sobre el sentido que debe tener un acontecimiento de tal magnitud.

Es una buena oportunidad para empeñarnos en culminar todos los esfuerzos por la reconstrucción documentada de la historia, en lo cual ha tenido excelente participación el Señor Alcalde Carlos Andrés Pérez y la Cámara Municipal.

Es igualmente obligado momento para rendir homenaje al nativo, a esa bailadores indio o aborigen, para recordar a Juan Miguel Montoya y sus comuneros, al primer alcalde Clemente Molina Ramírez y sus concejales, y al propio Bolívar con Sucre, Páez, Urdaneta y demás oficiales amigos de los bailadorenses.

Imagino con mucha ilusión ver convertida la ciudad en asiento de los mejores parques históricos del país y con justo mérito designada con la Gran Villa Histórica de Bailadores.

Hay tiempo suficiente para soñar, pensar, proyectar y hacer realidad el entroncamiento material y documental de Bailadores con su pasado, un pasado que la hace protagonista en los grandes momentos de la historia nacional y americana.


Muchas Gracias
NILSON GUERRA ZAMBRANO



 

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NO  TENGAMOS  MIEDO  A  LA  POLÍTICA

 

Sesión Solemne de la Alcaldía y Cámara Municipal

con motivo del Décimo Aniversario de la creación del Municipio  “Francisco Antonio Zea”

 

Jueves  03 de Enero de 2002 

 

                   Comenzaba el nuevo año  de mil novecientos noventa y dos con  buenas perspectivas para la economía venezolana, con una acertada conducción de los intereses merideños y con un espíritu alegre y esperanzador en los predios zedeños.

                   Venezuela había alcanzado un pequeño crecimiento en los números globales de su economía y se percibía una inminente mejoría en la docena de meses ya inicada. En Mérida se observaba un dinamismo económico desconocido y florecían nuevas obras que incrementaban las hectáreas en producción y nuevas viviendas aparecían en los paisajes montañeros.

                   En Zea, como en todo el país, había esperanzadora observación de los acontecimientos nacionales y estadales, pero  al optimismo se unía el júbilo de saber que en días anteriores se había  aprobado  la conversión del entonces Municipio Foráneo en Municipio Autónomo y que pronto se haría realidad la aspiración colectiva.

                   Tal dia como hoy, el tres de enero de 1992, un mes antes de acontecimientos que cambiaron el rumbo de la República y que marcaron la actual década, se cumplió con la formalidad de crear el Municipio Zea, vigésimo tercera entidad  local del heterógeneo territorio merideño.

                    Entonces, gobernaba  Mérida el catedrático y escritor tovareño Jesús Rondón Nucete, de grata recordación.

                   Once meses mas tarde, los zedeños decidieron con su voluntad electoral  la conformación del  equipo de conducción municipal. Por primera vez en su ya larga historia de dos siglos, la comunidad ejercía el derecho de los pueblos civilizados a seleccionar directamente a sus mandatarios.

                  Venezuela, Mérida y Zea habían iniciado caminos  coincidentes de prosperidad  que poco  tiempo después serían  divergentes. No duró mucho la coincidencia, pués nubes borrascosas se cirnieron sobre la patria grande, con desestabilización política, inestabilidad social y confusión generalizada.

                  Mérida pudo haber sido presa de esos mismos males, pero tuvo una afortunada dirección que le permitió mantener su ritmo  de crecimiento económico y la expansión de los beneficios de la riqueza pública  en todos los Municipios.

                  Solo sería años mas tarde cuando esa inspiración merideñista perdió vigor y el ejercicio administrativo estadal dejò de ser un legítimo orgullo de los hombres de la tierra  montañera frente a la comunidad nacional.

                  De los equipos del gobierno de Mérida salieron Ministros al Gabinete Presidencial y de las experiencias de gobierno se sigue hablando en Venezuela como un reconocimiento a los calificados recursos humanos de la provincia.

                   Mientras así se desarrollaban los hechos  del país y de la entidad, en el Municipio Zea se había desplegado un programa de acción con ribetes de innovación, con empeño fundacional revestido de creatividad  y con la sapiencia propia del campesino andino, basada en la meticulosa observación – reflexión y la prudente toma de distancia de los problemas ajenos que agobiaban otras latitudes.

                   Ese empeño creador tuvo como líder a un muchacho que vino a impulsar la producción campesina, con esos ímpetus propios de la temprana edad y con el bagaje de conocimientos del recién graduado que busca implementar rápidamente lo aprendido.

 Joven que tornó  prontamente en dirigente político y desde las trincheras socialcristianas se convirtió en el primer alcalde de elección de Zea, asumiendo posturas y actitudes y esgrimiendo opiniones que rápidamente lo identificaron con el hombre del pueblo y del campo, y que le dieron base suficiente para imponer un estilo de gestión municipal distinto.

                   Ese joven político de origen llanero, pero como llanero venezolano de los recios y abnegados, es aún nuestro Alcalde por tercera elección, el ciudadano Freddy José Guédez Sánchez.

                   El Municipio Zea ha tenido la fortuna de no haber hecho del acontecer nacional o estadal el principal motivo de su vida, sino que más bien ajeno a esas influencias de vida y comportamiento, ha podido desarrollar sus planes sin mayores ambiciones que las de aportar a cada zedeño un impulso para mejorar su calidad de vida.

                   Es por esa razón que en Zea hemos tenido a un gerente  que no ha derrochado el tesoro municipal en una temprana aspiración a otras posiciones, como ha sido el drama de varios estados y municipios, y ha podido dedicarse a consolidar una obra que hoy representa el mejor aval para su hoja de vida.

                   Alejado del contagio de la inestabilidad y anarquía del gobierno nacional, y distante del escaso rendimiento de la inversión pública en el Estado, el Municipio  Zea ha  sido una isla en la administración pública venezolana y un ejemplo de cómo en las pequeñas comunidades se puede hacer que el gobierno local sea idéntico y hasta mejor que en los pueblos  de los países desarrollados.

                   Y no exagero cuando hago esta afirmación. Las investigaciones sociales revelan que en este pequeño territorio de ciento noventa y dos kilómetros cuadrados están los mejores índices de salud, educación, servicios, vialidad, seguridad y comunicaciones del país, al lado del menor  déficit de vivienda.

                   Podrán argumentar algunos incrédulos que se trata de un Municipio pequeño. Es verdad, pero para darle mayor sustento podemos invitarlos a que visiten otros seis municipios más pequeños que Zea, esparcidos por la geografía venezolana, para que comprueben las bondades del modelo de gobierno local, cuyo origen hoy recordamos.

                   No son los años los que imponen la diferencia, ni el tamaño del espacio o el número de los pobladores, lo distinto y positivo ha sido la gestión, cuantificable en diferentes sentidos, tanto en la generación de riqueza como en empleos y nuevos espacios ganados a la tierra  que antes lucía abandonada.

                   Aquí  podemos entrar en el debate sobre la pertinencia de municipios grandes o pequeños, en territorio y habitantes. En cuanto a los beneficios para la población existen numerosos ejemplos,  no fácilmente comparables con nuestro caso.

                   Lo que hoy afirmamos es que en un municipio pequeño se han obtenido buenos resultados administrativos y que, basados en nuestra experiencia, preferimos la jurisdicción territorial de menor extensión, siempre y cuando se cuente con gerentes apropiados.

                   Por que no se trata de espacios mayores o menores, de población elevada en número o baja, de recursos cuantiosos o deficitarios. De lo que se trata es de emprender una acción de gobierno local con ideas claras y propósitos rectos y puros, con gente honesta y calificada, con disposición de ánimo para transitar el camino de la  política y de la vida pública, sin   desmayos y sin desencantos, sin cálculos inmediatistas de nuevas posiciones o nuevos cargos.

                   El país está lleno de ejemplos en los cuales alcaldes y gobernadores hicieron de sus gestiones un desarrollo publicitario en procura de nuevos cargos y dejaron tras de sí comunidades decepcionadas, inversiones improductivas y un daño irreparable a la democracia como sistema de vida.

                   El oficio de Alcalde, el desempeño de las concejalías o la función administrativa municipal no es siempre grata, cuando se cree que a cada acción corresponde un reconocimiento o un elogio. No siempre hay palmaditas. No siempre hay comprensión. Pero cuando hay vocación de servicio se sabe que  el comportamiento humano no siempre produce el reconocimiento, sino que a menudo suele aparecer la incomprensión.

                  Es indispensable, por tanto, que el funcionario público tenga conciencia precisa de los alcances del mandato popular de que está investido o de la función asignada, para que no se llame a equívocos. Previamente debe haberse expuesto los alcances de la gestión y las posibilidades de atención que tiene cada una de las comunidades.

                  Este servicio público es una de las claves de la función cívica que corresponde a todo hombre y a toda mujer que actúe dentro de un conglomerado social. Todos tenemos obligación de acudir a la función pública y en ausencia de verdaderas casas de formación para este servicio, es cada persona la responsable de su propia capacitación.

                  Esto no resulta fácil de comprender, pero es así. Todos tenemos la obligación de  instruirnos en los usos de la sociedad civilizada y todos tenemos el deber de poner nuestros nombres a la disposición de la comunidad para desempeñar cargos y funciones de servicio general.

                  Si la Escuela falla, como es el caso nuestro, venezolano, porque  no se nos forma para ser ciudadanos y demócratas, debemos  ocuparnos individual y colectivamente de superar carencias y fallas, para adentrarnos en los oficios públicos, con responsabilidad y patriotismo.

                  En Venezuela, en  el pasado contamos con la presencia de los partidos políticos como los ejes de la orientación, participación ciudadana y campañas electorales. Hoy, disminuidos en su vigor, esos partidos no son los responsables de los tres aspectos señalados, y han dado paso a numerosas organizaciones que desde todos los rincones buscar abrirse espacio en la vida pública.

                   Es positivo que muchas instituciones, grupos, clubes, asociaciones, fundaciones, ligas, etc., asuman la formación cívica y ciudadana, y creen esquemas de participación plural no partidista. Bienvenidas todas esas formas de participar.

                   Sin embargo, es útil y fundamental que se entienda que en una democracia no son excluyentes los sectores que buscan participación. Al contrario,   una   democracia  supone  inclusión y no exclusión, unidad y     no disolución. Pero debe saberse que en lo estrictamente político –ideológico - candidatural la base de la estructuración de la sociedad es a través de los partidos políticos.

                   Partidos políticos que hoy, en Venezuela y en Mérida, son mirados con desconfianza por culpa de sus propios dirigentes, pero que tienen una observación ventajosa en esta comunidad municipal zedeña.

                   Aquí conviven civilizadamente, sin  actuaciones bochornosas, sin pleitos y enfrentamientos innecesarios, los socialcristianos, los socialdemócratas y los quintarepublicanos, y de eso es testigo esta Cámara Municipal.

                   Y se puede afirmar que esto es también privilegio que han tenido los zedeños para alcanzar una buena gestión de gobierno local. En este Municipio no se mira con desagrado a los partidos políticos, se convive y se comparte con ellos, en circunstancias de respeto y participación, sin los resquemores de la globalidad del país y del Estado.

                   Y es por eso que en todos los despachos nacionales  y estadales se mira a Zea con respeto y con   simpatía, porque aquí tienen cabida las expresiones políticas de todo signo, dejando espacio para su actuación y crecimiento, y sin atentar contra u ofender la dignidad del ser humano.

                   En 1989 comenzó en Venezuela la experiencia de los Gobernadores y Alcaldes elegidos de manera directa por los votantes. No se puede negar que ha sido una positiva experiencia que le da a nuestra democracia aires de modernismo y a las comunidades mas cercanas métodos de participación e intervención en los asuntos de su directo interés.

                   En Zea comenzó el cambio en 1992. Un cambio que en primer lugar deja un mejor nivel de vida para todos los ciudadanos, una excelente imagen del gentilicio zedeño en todo el país, permite la comprobación de que hay recursos capacitados para profundizar el gobierno local y crea una escuela de participación para nuevas y promisoras generaciones.

                   Ese cambio ha sido posible gracias  un liderazgo confiable, creíble y legitimo, sin las pretensiones estadales o nacionales, y sin las equivocaciones que hicieron del país un escenario de confusión, anarquía y corrupción.

                   Con semejante resultado, en Venezuela en poco tiempo cundió la desesperanza, el desprecio a las prácticas electorales y la generalizada desconfianza  ante las bondades de un sistema político que si bien nos mantuvo en libertad, fue creando masas depauperadas que representan una ofensa a la dignidad del ser humano.

                   No ocurrió lo mismo en Zea. Aquí, una conjunción de la gerencia municipal exitosa y el trabajo  proverbial del poblador y del campesino ha preservado un buen nivel de vida y ha evitado grupos  de miserables, indigentes y marginados.

                   Todo  esto constituye una satisfacción, pero también es un gran reto para quienes están llamados a ser los nuevos dirigentes y funcionarios edilicios. El camino no ha sido concluido. Faltan muchos años de ejercicio de las bondades democráticas y de esfuerzo de los representantes populares para consolidar una obra.

                  En democracia, en sociedades libres, nunca termina una obra de proyección social. Por eso es necesario buscar cada día su consolidación, su mejoramiento, para evitar su deterioro y retroceso.

                  Si no hay mejoría, si no se supera una gestión, solo el aumento de la población echará por tierra lo que en un momento determinado se consideró exitoso. Es imprescindible acrecentar los logros, planificar nuevos desafíos, alcanzar nuevas metas, para que siga vigente la idea democrática en cada ciudadano, para que siga sintiéndose adherido a este concepto de vida, y para que se pueda enseñar que el sistema promueve el bienestar, pero  que también es el mejor antídoto contra las crueldades de los sistemas que niegan libertad, promoción, verdad y dignidad.

                  En esto corresponde un papel especial al pueblo, al conglomerado ciudadano, bien sea votante o no. A todos corresponde la participación en todas las manifestaciones de agremiación, tanto partidista como social, y dentro de ésta en lo religioso, vecinal, estudiantil, cultural, deportivo, asistencial, comercial, profesional, etc.

                  Ese pueblo, que nunca debe ser masa amorfa y apática, sino activo conglomerado, tiene el deber - para preservar su bienestar - de intervenir en todas las manifestaciones de la decisión municipal, en la vigilancia de las obras y contrataciones, en el funcionamiento de los servicios, en la organización de eventos, en la revisión de las cuentas, en fin en todo el quehacer municipal.

                 Permitir esa participación es una obligación del Municipio y como éste no es una  entelequia, es un deber de sus dirigentes, del Alcalde, munícipes y funcionarios. Obligación de unos y compromiso de otros. El compromiso es uno de esos vocablos de poca ejercitación en la Venezuela de ahora. Las mas de las veces se reclama participación pero sin el deseo de asumir las responsabilidades derivadas de tal postura social.

                 Una participación consciente y creciente implica ejercer todos los derechos, pero también supone cumplir con todos los deberes. No deben ser reclamantes de los derechos esos ciudadanos que jamás han querido intervenir en una organización, esos mismos que nunca cancelan los impuestos municipales, esos que ni siquiera acuden a las elecciones, esos que jamás han asistido a una reunión de la escuela o colegio de sus hijos.

                 No es una discriminación. Se trata de una actitud, una postura, en defensa del legítimo derecho a participar de manera total, pero también de forma responsable. Porque participar es  una escuela de interacción, de aportes y beneficios, de promoción del ser humano, donde se aprende a debatir, pero con la obligación de consensuar,  acatar y  compartir las cargas, con derechos si, pero más que eso con el compromiso de ser mejores ciudadanos.

               Allí está el reto de gran proporción. Allí está la obligación de la comunidad zedeña. Estoy seguro de que los zedeños no estarán solos.   Muchos ciudadanos que no nacimos aquí estamos dispuestos a apoyarlos en seguir haciendo del modo de vida local una forma distinta del ser venezolano.

               Del cumplimiento de ese reto dependerá que sigamos viendo a Zea como un pueblo encantador, no solo por su espiritualidad seglar y sacerdotal, ni por sus bellezas escénicas, por todo ello, pero principalmente por el ejercicio colectivo  de la democracia, por la participación desinhibida en la política.

              Si la política nos servirá para vivir mejor, no tengamos miedo a la política. Hagamos de ella una práctica cívica diaria. Vivir en democracia no es un regalo, es una conquista. Vamos a engrandecer esa conquista con pequeños y hasta rutinarios actos que a diario fortalezcan esa manera de vivir en libertad y en compromiso solidario con todos los hombres y mujeres, y en armonía con el medio ambiente.

 

Muchas gracias

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CON JOHAN SANTANA COMIENZA LA NUEVA HISTORIA
DEL DEPORTE VENEZOLANO


Dedicado a Rodolfo José Mauriello (fallecido) y Luis Enrique Bottaro, los tovareños más conocedores del beisbol de Estados Unidos de América, antes de Johan Santana.
Ruta del Arte, 14 de noviembre de 2004. Discurso de Orden durante homenaje a Johan Santana.


Antecedentes
La primera disciplina deportiva que se conoció en Tovar fue, y es curioso, el tenis de campo, en los años veinte del siglo pasado, para luego dar paso al volibol escolar, más tarde al fútbol y a mediados de la década de los cincuenta al beisbol. Por supuesto, hubo tambien practicantes del baloncesto y del ciclismo.

En 1960 el deporte de la pelota y bate se practicaba en el Estadio “José Pérez Colmenares” de Sabaneta y en el Colegio “Padre Arias” de El Llano, y para completar la escena se construyó el Estadio “Julio Santana De León” de La Vega del Río Mocotíes.

Los Semanarios “Esfuerzo” y “República” en los primeros años de esa década daban cuenta de la realización de un torneo anual con cuatro equipos, conformados todos por peloteros locales, en lo que se correspondía con la Categoría Clase A, aunque no faltaban los comentarios para señalar que algunos jugadores por su calidad podrían ser de Doble A.

Existieron los equipos Polar, Liceo, Zulia, Zea, Andes y República.

Del torneo local surgió la Selección Tovar como la expresión distrital frente a la fuerza del beisbol universitario de Mérida, donde los refuerzos zulianos y orientales se contaban en buen número, pero ante los cuales se oponían hombres de calidad nacidos en los cuatro clásicos barrios tovareños.

La historia del beisbol registra como la hazaña de entonces un partido que los tovareños ganaron a Mérida, en un largo pasaje de diecisiete entradas, por diferencia de una carrera, desafiando el frío y el hambre, en el Estadio Lourdes.

A mediados de los años sesenta se mantenía el torneo anual, como hasta ahora, y seguía la Selección escribiendo gestas locales. Un tachirense, deportista y técnico del campo, Luis Francisco Bustos Niño, se estrenó como el Comisionado del Instituto Nacional de Deportes, sin remuneración, intentando organizar categorías menores, lo que en efecto hizo. Era dirigente, entrenador, manager y transportista de los niños que vivían lejos.

En 1967 vinieron desde ciudades de Estados Unidos de América los técnicos Gary Van y Carlos Addcox. Este último había sido campo corto regular del equipo Doble A de los Orioles de Baltimore. Addcox, financiado por el programa denominado “Cuerpo de Paz” asumió labores de entrenador, compartiendo con Bustos Niño. Al tener debidamente organizados a todos los muchachos, cada uno con un carnet, se organizaron los equipos de cada sector en Infantil y Junior, y se comenzó a jugar de manera permanente.

Resultó tan afortunada la combinación de Bustos con Addcox que un año más tarde, los tovareños vencieron en los torneos estadales y se alzaron con la representación del Estado Mérida y acudieron, por primera vez, al Campeonato Nacional de Portuguesa, donde los centrales, orientales y zulianos, les impidieron clasificar.

Las fallas no eran otra cosa que la falta de rodaje de los peloteritos. Por eso se incrementaron las prácticas y la corrección de detalles, lo que dio como resultado un avance en la categoría infantil.
En 1968, dirigidos por Luis Bustos y el cubano Rubermán Miranda, los tovareños alcanzaron el subcampeonato nacional Infantil en la población de El Moján, cercana a Maracaibo, perdiendo la jornada final por una carrera en el sexto inning, pero dejando la sensación de que los merideños ya no eran los colistas del beisbol venezolano.

En adelante, el béisbol local seJohan, Jesús Hernandez, Alfredo Rubio Entrenador y Gian Carlos Zambrano de once años ha mantenido con sus categorías, con excelente desempeño en el ámbito nacional, en menores, y con la novedad de que hemos sido sede de torneos con equipos de todos los estados.

En adición, después de Bustos y Addcox, contamos con entrenadores que otrora fueron peloteros enseñados por este par de útiles técnicos, y que han permitido sostener un ritmo de crecimiento en la calidad de juego.

Uno de esos entrenadores tovareños, discípulo de Addcox, Alfredo Rubio, en una tarde de 1989 recibió en el Estadio de La Vega al niño Johan Alexander Santana Araque, quien pudo haber sido futbolista si su familia se hubiese mantenido en Mérida, donde cursó cuatro grados de educación primaria. Ya iniciado, Johan fue ayudado en su formación por el otrora lanzador derecho de la Selección Tovar, Luis Morales Salas.

Johan se estrenó como pelotero por iniciativa propia, intentando copiar en el campo corto las destrezas de su padre, sin haber pensado que este sería el camino de su vida y sin imaginarse que de imitador se iba a convertir en inventor de fórmulas mágicas en el arte de lanzar pelotas.

Johan y su amigo Jesús G. Hernández


Gracias a la fortaleza del béisbol menor tovareño, a sus cualidades físicas y a una excelente motivación personal, Johan integró el equipo del Estado Mérida en el Campeonato Nacional Junior de 1994, en Guigue, Municipio Carlos Arvelo del Estado Carabobo, donde jugó como jardinero central y se le vieron buenas cualidades (con el bate y buen brazo para devolver la pelota desde el campo central) para el béisbol organizado.

Ficha del Béisbol Profesional

La Organización Astros de Houston, del Estado de Texas, Estados Unidos, representada por el Jefe de Buscadores de Talentos en Venezuela, Andrés Reiner, vino a Tovar a buscar la firma del muchacho, ante lo cual su padre optó por dejar la decisión en la conciencia de   su hijo, y al éste admitir, solo pidió que prosiguiera sus estudios de educación secundaria en paralelo con la práctica beisbolera.

Johan no había medido las consecuencias de su decisión, no había tenido tiempo de soñar con esta realidad, la de convertirse en pelotero del béisbol más importante del mundo, aunque en la fase de la granja o academia, es decir en el aprendizaje, cuando su padre le informó que debían partir hacia Valencia, para dejarlo instalado en la Escuela de los Astros en Guacara, en septiembre de 1994.

Iniciaba una etapa difícil y compleja, con gran exigencia de trabajo, disciplina y obediencia. Etapa también de transformación, porque a los Astros de Houston no les interesaba un jardinero, sino un pitcher.

Dejaba en su ropero los uniformes de Los Chiquilines de El Llano, Selección Tovar y Estado Mérida.

El impacto de la separación familiar pudo haber afectado una carrera que apenas se insinuaba, pero el muchacho antepuso disposición de ánimo y convencimiento íntimo para iniciar tres años de aprendizaje en Venezuela, República Dominicana y Estados Unidos, al término de los cuales se vió debutando en el béisbol profesional de Venezuela con la divisa Navegantes del Magallanes, en 1998. En esa temporada ganó un juego de la semifinal contra Leones del Caracas y acompañó a los Cardenales de Lara en la Serie del Caribe.

Habiendo concluido su segunda temporada en Estados Unidos, estando en Clase A, en una sucursal de Astros de Houston, en Michigan, con el equipo Battle Cats (Gatos de Batalla), Johan recibió la noticia de que había sido ascendido a las Grandes Ligas, el dia trece de diciembre de 1999, pero no con su equipo, sino que había pasado a los Marlins de Florida por unas horas y enseguida a los Mellizos de Minnesota, para debutar en abril del año dos mil.

 

JOHAN TIEMPO DESPUÉS NUEVAMENTE ENTRE CHIQUILINES


Su ingreso a la gran carpa constituyó una de las diez mejores negociaciones del proceso de selección que hacen los dueños de los equipos, en diciembre, mediante el uso de la Regla Cinco del Reglamento de la Liga Mayor de Béisbol, de acuerdo con la cual los peloteros no incluidos en el grupo de cuarenta de un equipo pueden ser tomados por otro mediante el pago de una suma de dinero (cincuenta mil dólares).

Carrera de velocidad, rápidos éxitos, pero también la tristeza de observar que su primer equipo, con el cual creyó llegaría a la escena mayor, no lo había conservado, por no tener total confianza en su futuro, sino que lo había dejado en el mercado de las transacciones.


Sueños en Tovar, realidad en Estados Unidos

Los sueños del tovareño comenzaban a convertirse en realidad, pero una realidad no identificada en su primer día, sino envuelta en la más grande competencia de talentos, de resultados, de negocios, de intereses y de hechos no siempre fáciles de entender.

Cuando Johan dejó a Tovar a fines de febrero del año dos mil, los comentarios populares giraron alrededor del primer muchacho tovareño que subía a la gran carpa, como gran noticia, pero la identificación del hecho se hacía mayoritariamente diciendo que “el hijo de Burguillos viajó (o saltó) a las grandes ligas”

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Nilson Guerra, Johan Santana y Ernesto Cuevas, durante entrega de placa en Tovar

Como cualquiera de los incipientes peloteros, a Johan lo identificaban por su padre, el pelotero aficionado Jesús María Santana Burguillos. Este, nativo de San José de Río Chico, ancló en la tierra del Mocotíes en 1974 y dos años más tarde fundó hogar con la tovareña Hilda del Carmen Araque y conquistó aprecio generalizado, sin poder impedir que, con mucho afecto, se le cite por el apellido materno.

Durante los juegos de su primera pretemporada en Florida, Johan festejó su cumpleaños número veintiuno con tres buenas presentaciones (ante Rojos, Orioles y Piratas) hasta que el veintiséis de marzo los Yankees de Nueva York, en Fort Myers, le enseñaron los peligros de enfrentar una poderosa toletería. Bernie Williams se encargó de mostrarle cómo se saca una pelota del parque.

En su debut ante Cincinnati le tocó enfrentar al poderoso Ken Grifey, Junior, quien no es otro que su más admirado pelotero, desde niño. Y como para despertarse de este nuevo sueño le propinó un ponche al recio estadounidense.

Pero los sueños no se quedaron por los predios de El Llano, su otro admirado el venezolano de sus preferencias Omar Vizquel lo enfrentó en el terreno varias veces, con ponches, y lo conserva como un amigo.

Johan ponchó a todos los Yankees
Cuatro años y medio más tarde después de su debut en las Grandes Ligas, en octubre pasado, aprendidas muchas lecciones y con una gran fortaleza mental, el muchacho del Barrio El Llano salió a enfrentar nuevamente a los famosos neoyorquinos, en su propia casa y en Minnesota, en compromisos de la disputa divisional de la Liga Americana.

El martes cinco de octubre y el sábado nueve, en una misma semana, Johan contuvo a los temibles bateadores mejor pagados del mundo, obteniendo una victoria en la primera fecha y dejando el juego ganado, sin decisión final, en la segunda.

En la ciudad de los rascacielos, el Estadio congregaba a cincuenta y tres mil personas que pagaron sus entradas, además de los funcionarios, policías, peloteros, empleados, etc. Más gente que toda la población de nuestro municipio.

Y como para limpiar su historial del primer mes en Grandes Ligas, el tovareño comenzó sumando su primer ponche del martes en Nueva York teniendo como víctima a Bernie Williams (cuarto bate) para luego seguir con Miguel Cairo (dos veces), Alex Rodríguez y Rubén Sierra. Se escaparon los otros cinco.

El sábado abrió su sesión de ponchados con el capitán Derek Jeter (dos veces), el cuarto bate Hideki Matsui (dos también), el octavo John Olerud, el sexto Jorge Posada y el tercero Gary Shefield. Justamente, los cinco afortunados del martes.

Una joya montañera del arte de lanzar pelotas en tierra ajena, sin repeticiones ociosas y sin desperdicio de oportunidad, para reafirmar que Johan se fue de Tovar para hacer la nueva historia, pero igualmente para disfrutar con cada envío al plato.

Y la proeza del tovareño cambió su identificación y también la de su padre. A Burguillos ahora le dicen “el papá de Johan Santana”.

Santana hizo del pitcheo un disfrute
Cada salida de Johan al montículo es un disfrute. Lo hace con la seguridad de que buscó ser abridor, luchó, se molestó, se impacientó, pero terminó logrando su objetivo, y si lo hizo ahora le corresponde responder a la confianza.

Por eso, con solo cuatro años de experiencia, ha superado los récords que lucían difíciles para un venezolano, pero que ahora han quedado en el pasado y con su nombre se inscriben nuevas páginas de la historia.

Ha sido de tal grandeza el desempeño de este año que los premios llovieron desde septiembre y no cesan, tal como ocurrió el jueves once, con el Galardón Denton “Cy Young”, nombre de un famoso lanzador derecho de comienzos del siglo pasado que ganó veinte juegos durante dieciséis de sus veintidós temporadas. Denton “Cy” Young abrió ochocientos dieciséis juegos y terminó setecientos cincuenta y tres. Impresionante. Vistió los uniformes de Boston, Cleveland y Washington.

Este premio, obtenido por unanimidad del jurado de veintiocho periodistas especializados, lo ubica entre los hombres más importantes de la historia del beisbol universal y lanza al selecto listado donde aparecen los aún activos Roger Clemens, Pedro Martínez, Randy Johnson, Barry Zito y Roy Haladay. Clemens lo ha ganado en siete oportunidades y Martínez en dos. Desde 1958 solo ha habido unanimidad en seis oportunidades.

Otros valiosos premios obtenidos son el Mejor Pitcher de la Liga Americana, Pitcher Revelación del Año de la Liga Mayor de Béisbol, el Player Choice Award, el Warren Spahn, Luís Aparicio y Meridiano de Oro.Johan con el Premio Luis Aparicio
Para cerrar tanta gloria, solo falta que sea declarado el Más Valioso de la Liga Americana.

Al margen de este galardón, los trofeos que hemos citado constituyen una colección nunca alcanzada por venezolano alguno y lo acreditan como el pelotero nativo de mejor perfomance en un solo año, cuestión que no hace otra cosa que enorgullecernos de contarlo entre nuestros paisanos.

Los ponches
Los veinte juegos ganados, la inusual efectividad de 2.61, las trece victorias seguidas sin conocer la derrota, las treinta y tres entradas lanzadas sin permitir carreras, las cifras récord en la historia de Minnesota y el bajo average de sus rivales de 192 puntos, son logros que se guardan en el cofre dorado de la historia del deporte mundial y en la memoria deportiva venezolana.

Pero, en eso del disfrute de Johan, en su trabajo profesional desde la lomita de lanzar, hay un renglón que suscita mucha felicidad en el pelotero y en nosotros, los que solo somos aficionados: los ponches.
El récord personal de abanicados en un juego lo elevó de trece a catorce en septiembre, en partido contra los Orioles de Baltimore, donde dejó parado dos veces a su compañero y amigo de Magallanes Melvin Mora. No llegó a diecisiete, porque el Manager Ron Gardenhaire lo sustituyó.

Y el récord de ponchados en una temporada para un venezolano lo superó en julio y lo incrementó durante agosto y septiembre en ochenta y cuatro, para dejar la marca en 265, lo que, por ahora, luce inalcanzable. Debo destacar que el récord anterior de 181 abanicados también lo superaron este año Freddy García, Kelvin Escobar y Carlos Zambrano, aunque ninguno llegó a doscientos.

Esto equivale a sostener que Johan Santana hizo todos los outs de nueve juegos, además de los correspondientes a siete entradas y un tercio. Algo colosal.

Sus triunfos, ante once de los trece equipos con los que compitió en su Liga, equivalen al veintidós por ciento de los juegos que ganó Minnesota este año.

Estamos, en consecuencia, ante un valor del deporte universal y ante un tovareño que ha proyectado en grande nuestro gentilicio, haciendo que cada día seamos mas orgullosos de haber nacido en esta tierra de los Indios Mocotíes y de Nuestra Señora de Regla.

Y ante semejante proeza, no nos corresponde otorgarle otro premio, porque ya los tiene todos, sino confiarle la inmensa responsabilidad de incrementar sus logros, en los años que le quedan de carrera profesional, con la seguridad de que siempre contará con nuestro apoyo, nuestro cariño y también nuestras cristianas oraciones.

 

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en XX Aniversario del Coliseo "El Llano" de tovar

 

 

  Tovar, sábado 08.09.12 (04:50 p.m. Ante 4.500 personas).- Con legítimo orgullo taurino y tovareñista recordamos ese instante genésico de esta hermosa creación arquitectónica del modernismo venezolano, concebida por la visión futurista del abogado y catedrático Jesús Rondón Nucete, entonces gobernador del Estado Mérida en 1992.

   Una instalación modelo en Venezuela y América que permite un racional aprovechamiento de todos los espacios, durante los trescientos sesenta y cinco días de cada período anual.

   Este maravilloso recinto taurino, educativo, deportivo, artístico y social representa el reconocimiento al devenir histórico de la ciudad, con su sesquicentenaria tradición y cultura taurina, que es a su vez identidad tovareña y apego a un legado de nuestros antepasados.

   El Coliseo ha servido para consolidar un ferial que por años estuvo sometido a mudanzas y cambios, sin un rumbo fijo, con muchos esfuerzos organizativos, pero también con improvisaciones.

   Los tovareños del ahora nos sentimos orgullosos de la obra como infraestructura y del buen aprovechamiento que ha tenido, con cincuenta y cinco festejos mayores, lo que se justifica porque estamos en la ciudad con mayor arraigo taurino del mundo.

   No exagero. La población del Municipio es de cuarenta mil personas y en los festejos taurinos acudimos más de cuatro mil ciudadanos y ciudadanas de la ciudad, completando el aforo los visitantes, lo que en términos porcentuales representa una décima parte de la población, cifra que no se logra en Sevilla, Madrid, Lisboa, México, Bogotá, Quito, Lima o en cualquier ciudad francesa.

   Hoy, al complacernos del vigésimo aniversario de esta cómoda plaza, sigamos implorando bendiciones a la Patrona Nuestra Señora de Regla para que en los años del porvenir seamos aficionados capaces de cumplir con el compromiso de usar y aprovechar en forma óptima todas sus instalaciones, y defender nuestra cultura aún cuando tenga que ser frente a la resistencia de las autoridades.

   Pido a la centenaria Banda Municipal "Don Emilio Muñoz" que nos entone la canción del cumpleaños feliz, mientras dejamos escuchar las palmas del orgullo localista, del mejor sentimiento taurino tovareño.

 

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Acto de homenaje a Oswaldo Payá Sardiñas,

Prócer civil y democrático de Cuba.

 

Nilson Guerra, Mary Catherine Parmly y Regis Iglesias, en Madrid. 04.12.12

 

Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera (ACPE)
Calle María de Molina, 50.
Madrid, martes 04 de diciembre de 2012

Testimonio de Nilson Guerra Zambrano, amigo. 17.20 horas

La vida de Oswaldo Payá es una expresión de plena consecuencia y perfecta coherencia entre el pensamiento, la idea y la acción diaria, de una manera tal que no hay un resquicio, en su consideración, para la duda y o la inseguridad sobre su proceder a lo largo de los años.
En estos tiempos que corren, es muy difícil esa lealtad, especialmente cuando los principios y los valores no son tesoros del individuo, que destacan los biógrafos, sino letras impresas en libros y manuales, y en muchos casos mercancías transables en el campo político.
Sus convicciones no fueron simples aprendizajes intelectuales, sino vivencias profundas en lo espiritual. Por ello luchó, sin negar tiempo o sacrificio, por la libertad del pueblo cubano, sin abdicar en el compromiso consigo mismo, sin doblegarse ante la amenaza o el halago y sin temer por su propia integridad física.
Soportado en la no violencia, humildad y sencillez, enfrentó al adversario sin odios y sin miedo, sabiendo que actuaba ante un poderoso clan internacional con ribetes de mafia política, pseudo religiosa y económica, capaz de cometer cualquier acto ilegal, absurdo o anti ético, sin el menor rubor.
Desplegó una vida familiar plena de amor y fidelidad conyugal, con lo cual preservó a sus tres hijos – dotados a diario de buenos ejemplos – de las perniciosas influencias del ahora, de estos tiempos, penetrados de superficialidad, falta de honor y ausencia de sacrificio.
Acompañé a Oswaldo Payá dentro y fuera de Cuba. Seguí sus pasos con interés y admiración. Conocí de los atentados contra su integridad y la de su familia. Sufrí el saboteo con estridencias sónicas durante mi visita a la casa de su suegra, para una grata conversación, de horas, que superó el obstinado deseo de impedirnos la comunicación.
Mi casa caraqueña fue la suya junto a la dama del coraje Ofelia Acevedo y su hijo Oswaldito. Recordamos los irrespetos gubernamentales a las libertades individuales y familiares y lo contrastamos con la normalidad social de Venezuela, en aquellos años noventa del siglo anterior.
Durante tres días compartimos visitas y reuniones, apreciando la alta valoración del colectivo partidista y político venezolano por su persona y por el Movimiento Cristiano Liberación, y el pleno conocimiento que tenían de la cruel situación interna de Cuba.
Oswaldo se ha ido. Nos ha dejado en medio de un fuerte dolor y una soledad lacerante, pero también hemos recibido un legado ejemplar, un virtuoso ejemplo y un desafiante camino.
Legado, ejemplo y camino vienen a ser manantial que nutre en lo espiritual, palanca que impulsa y reto de grandes proporciones.
Para hacerlos vibrante realidad debemos aplicar valentía y coraje, convicción y talento, si es que anhelamos cambiar los signos de estos tiempos convulsos que hoy promueve, disfrutando de las mieles de la riqueza sin esfuerzo, el régimen cubano en América Latina.

Muchas gracias.

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ENTREGA DEL PREMIO VALORES HUMANOS EN MADRID
Teatro Muñoz Seca – Plaza El Carmen – Lunes 10.12.12

Nilson Guerra Zambrano,  Fernando Claramunt López, David  Mora Jiménez, José María  Alvarez del Manzano,

José Luis Lozano y Juan Lamarca López, presidium del acto de entrega  del Premio Valores Humanos.


Saludo con fraterno afecto al Honorable Directorio del Círculo Bienvenida de Madrid por la honrosa invitación que me ha hecho como el único extranjero convocado para este acto de premiación, revestido de solemnidad y celebrado en uno de los centros culturales relevantes de la capital del reino hispano.
Hoy, no agradezco como formalidad de estilo, sino que manifiesto la íntima satisfacción que siento al venir de América para celebrar con Ustedes la feliz circunstancia de que un galardón proyecta al mundo la solidaridad humana como signo distintivo del quehacer de un artista de la tauromaquia.
Me resulta honroso compartir el presídium con relevantes personalidades de la vida de España. A mi lado está el escritor alicantino Don Fernando Claramunt López, hombre de ciencia y letras que más que aficionado es un servidor de la cultura taurina por su sencillez, rectitud, cabal comprensión, impecable estilo literario y apasionada entrega.
Es motivo de legítimo orgullo estar en la misma mesa con un compañero de ideas sociales y cristianas como lo es Don José María Alvarez del Manzano, Alcalde de Madrid años atrás, cuyo recuerdo de buen servidor y honesto mandatario ha trascendido hasta el ahora, pasando el umbral del nuevo siglo incólume por haber sabido sentar ejemplo de honestidad en tiempos de escaso apego a la moral, a la ética y a las buenas costumbres.
La presencia de un prohombre de la fiesta brava como Don José Luis Lozano, por igual empresario y ganadero, me hace recordar que hace tres décadas, siendo aún estudiante de Comunicación Social, nos reunimos junto a Don Manuel Martínez Flamerique (Chopera) para analizar los toros, hacer los lotes y sortear como apoderados que éramos de la terna actuante en una de las corridas del ferial sebastianero de San Cristóbal, en Venezuela.
En el otro extremo se encuentra Don Juan Lamarca López, promotor del bienvenidismo internacional, hombre de la historia contemporánea de la plaza venteña y espiritual de Madrid por haber presidido en casi dos décadas con justicia y ecuanimidad. No solo sabe juzgar desde el palco, sino que sus análisis verbales e instantáneos saben a buena crónica y a densa narración del acontecer en la arena. Sus crónicas de Quito, de hace un año, pueden servir de argumento para ingresar como maestro en cualquier escuela de periodismo.
Y en medio de nosotros el joven artista madrileño David Mora Jiménez, modelo de ciudadano que ha sabido entender la verdadera dimensión del compromiso que significa ser hombre público, asumiendo como tal el hecho de ser personaje de las noticias diarias y también seguido por numerosos públicos.
Lo notorio, lo presente, lo existente, lo que se percibe, pasa a ser de recuerdo perenne, grato, o inservible para la evocación.
David Mora se ha ubicado en el primero de estos dos grupos, en el de lo trascendente, lo que supera el presente, para ser ejemplo y sujeto de la buena y plausible imitación.
Mora posee la valentía de atreverse a lo bueno, al ejercicio de la solidaridad con sus compañeros de profesión y con quienes no lo son. Por eso, se ha hecho acreedor al Premio de los Valores Humanos que lleva el nombre de un ilustre caballero nacido en mi tierra venezolana: Antonio Mejías Jiménez (Antonio Bienvenida).
De una estirpe extremeña, de esa tierra pródiga en conquistadores de América, Antonio Bienvenida es hijo de otro colonizador, de otro siglo y con otros arrestos y mayor ingenio: Don Manuel Mejías Rapela “El Papa Negro”, hombre de mil proyectos y de geniales iniciativas.
El viejo Mejías Rapela tiene mucho que ver con el modernismo de la fiesta taurómaca en Venezuela, es elemento clave e impulsor de ideas que dieron piso sólido a la tauromaquia criolla. La simiente ganadera y las entonces modernas plazas, hoy vetustas y a la vez tesoros arquitectónicos, son parte de su proyecto civilizador taurino, acogido en la pasada centuria por el entonces mandatario Juan Vicente Gómez Chacón y sus hijos.
El epónimo del Premio que hoy se entrega, Antonio Bienvenida, desplegó un tránsito vital cargado de razones para que el galardón lleve su nombre. En todo momento supo valorar a los humanos, sin tener rivalidades o enemistades, disfrutando de una proverbial simpatía, desplegando el don de buena gente, sin negar una sonrisa o un aplauso y dejando regados centenares de festejos a beneficio de causas sociales nobles.
Dicho esto, ahora no puedo concluir con otra cosa distinta decir que estoy muy feliz y plenamente satisfecho de haber venido esta noche a compartir con Ustedes.

Muchas gracias.


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Intervención en  Cuarto Encuentro Nacional de Comunicadores Socialcristianos  e  Independientes.

Caracas,  19  de Octubre de 2013.   10.00 a.m.

 

         La  sociedad venezolana se ha expandido en población, economía y  en  la  incertidumbre global  de los ciudadanos de  cara  al futuro, al mismo  tiempo que en el campo  de la comunicación social,  en medio de  numerosos avances técnicos – científicos,  el papel  e influencia de los comunicadores profesionales se somete a pruebas difíciles.

            Hay retos y desafíos externos e internos para quienes ejercen la comunicación  social como profesión, como medio de vida  y como expresión de su aporte a la comunidad nacional.

            Los intereses empresariales transnacionales,  tan voraces como inteligentes y eficaces,  buscan afanosamente que cada cliente de un producto  de la modernidad,  computador, teléfono, tableta, etc., sea  un comunicador, no profesional pero si voluntario y con disfrute, más  para mantenerlo  conformando  un nicho de cautivos compradores que para insertarlo  en la sociedad como una persona útil.

            Un país de treinta millones  de habitantes es objeto  de la atención de los  investigadores sobre los  gustos y preferencias,  en los órdenes de las diversiones, recreaciones y esparcimiento,  en busca de conclusiones útiles para  quienes diseñan el marketing y despliegan su capacidad de venta. 

            No  interesa si realmente el  cliente tiene conocimiento de cómo insertarse positivamente en el campo  comunicacional. De hecho,  ocurre a plenitud  esa  inserción.  Claro,  nunca  sometida un plan nacional de desarrollo,  de potenciamiento de la  familia o  de la sociedad o  con vista a una  mejor calidad de vida.

            El  crecimiento poblacional ha incrementado la sociedad de consumo, lo que incide directamente  en el crecimiento de la economía, asistida por el tradicional  ingreso petrolero –hoy sometido al saqueo  colectivo a  través  de mil formas distintas- y por el auge de los poderes irregulares (narcotráfico, sicariato, extorsión y secuestros, contrabando, corrupción administrativa y especulación, tanto  cambiaria como inmobiliaria y de otros bienes), con sus grandes  logros  de ascenso e igualación social.

            Esta última, ni planificada,  ni pensada, pero si desarrollada en la realidad  de los  hechos y  en el ascenso social  de  miles  de  familias,  en las que juega y domina la ambición  (sin freno ni medida) combinada  con la ausencia de  valores y el lúdico desafío (o desprecio) a las normas  legales o de control social de la  sociedad tradicional.

            Mayor población (no prevista  ni atendida en planificación de los servicios) y  mayor producto territorial,  auge  del consumismo asistido  por  las importaciones,  en medio de la peor inflación, inseguridad  de las personas y los  bienes, despojo  personal de la identidad venezolana para buscar otras fronteras,  aumento  del  individualismo frente  a los problemas, dominio del conformismo  y  actitud de dejar pasar, son  los   grandes  pilares del  momento   venezolano, dominado, finalmente, por  la incertidumbre.

            Y en medio de  todo, el  mismo  y tradicional papel  de los medios de comunicación  social, de hace  treinta  años, caracterizado por propósitos mercantiles, en primer lugar, y por la ansiosa búsqueda de seguidores para ajustar las tarifas publicitarias hacia arriba.  Tres décadas suponen   decir que esta situación es previa  al inicio la era del gobierno cívico – militar  que conocemos y a cuyos designios  estamos sometidos.

            Régimen  de origen democrático, revalidado y  a la vez cuestionado, que ha desarrollado un plan nacional de nuevos medios de comunicación, nueva  doctrina y que, por otra parte,  forma su recurso humano,  en universidades propias.   Es decir, se completa  un panorama de complejidades  comunicacionales.

            Hoy,  tenemos  que inventariar nuestra  sociedad para  buscar los elementos  que la identifican, los gustos, inclinaciones, preferencias, anhelos  e ilusiones, el idioma y hasta  el imaginario  popular.  No al  modo  de los estrategas de ventas, sino en función de alcanzar  una cabal comprensión de cómo somos hoy. Somos distintos, somos otros.  Somos otra nación, distinta  a las que nos han pintado  en la historia épica y distinta a la que canta  el Himno Nacional.

Esto nos puede dar las  pistas o claves para entender a Venezuela  y asumirla de mejor manera, si es que no queremos seguir fallando cuando buscamos  comprender lo que tenemos como recurso  humano para  asumir  probables soluciones.

            Ese inventario  de la sociedad pasa por la revisión  profesional  y acuciosa  de los  medios de comunicación,  por el análisis  de los centros  de formación y  por  la definición  de metas. Claro,  dentro de una sociedad a la que igualmente debemos buscarle  derroteros y objetivos muy concretos, porque  tampoco los tiene.

            La incertidumbre generalizada  no es causa de un gobierno,  de dos  gobiernos, de  los empresarios, de los trabajadores, de las universidades, ni   de los partidos  políticos, como maliciosamente se ha querido sostener, sino  que es una enfermedad  social         con variadas causas que han aprovechado la debilidad consustancial del cuerpo venezolano.

            Tenemos  que replantearnos el papel del Estado, y dentro  de  éste todo lo que lo conforma, hasta el mismísimo  territorio, para idear un modelo de sociedad distinta, para enfrentar  los males del presente pero también los males  del  futuro, y para intentar que nuevos ciudadanos, mejor educados, asistidos  de buenos principios, repueblen  aldeas, caseríos, poblaciones y ciudades.

            La  Venezuela  de hoy, con su incertidumbre generalizada, no es viable como sociedad  abierta al mundo complejo y globalizado, dinámico y cambiante, porque sus propios ciudadanos no tienen idea y criterio de cómo insertarse en ella  para hacerla distinta y mejor. ¿Qué hacer por el país dentro de un orden o concierto? Esa materia no la  enseñan  ni el sistema  educativo  ni los medios  de comunicación social.

            Sí saben, millones de  ciudadanos, cómo violar  cualquier norma, nueva o vieja,  como ocultar sus malas intenciones y cómo disfrutar irresponsablemente del hecho de que la autoridad  no ha podido descubrir  sus delitos y fechorías.

            Las cifras son elocuentes:   cuando vino el boom  de las cooperativas se crearon más  de doscientas mil  que no fueron tales,  doscientos  mil personas  estafaron el sistema de asignación de divisas, cien mil personas cobran pensión de vejez sin tener la edad,  tres bancos oficiales quebraron por  créditos fantasmas, la burocracia suma  casi cinco millones de personas en un estado que puede funcionar con   medio millón  gracias a  los avances informáticos, centenares  de miles de personas son ciudadanos venezolanos sin haber nacido  aquí, miles han comprado cargos en el gobierno, cualquier elección – de las llamadas democráticas – es  una feria de costosas trampas. Bueno, paremos este pésimo inventario.

            Dos agregados.  Dos etapas de la vida en descuido. Carecemos de capacidad para atender  a todos los ancianos, muchos sumidos en enfermedades,  y no tenemos ni empleo  ni programas para atender  a los jóvenes, estrato mayoritario de la población que ve perder horas útiles por carecer de rumbo y dirección.  La mayor oferta es la de los centros comerciales  para que sean visitantes, caminantes y compradores,  y frente a ella la  temible atracción de la riqueza  fácil  que ofrece la delincuencia.

Esta última  ha tenido tal influencia que hasta el lenguaje carcelario se ha traslado a la cotidianidad  de las familias y ha crecido  la tentación de la vida sin mayor  esfuerzo, especialmente para el goce y disfrute, sin medida y sin pensar  en las consecuencias. De esa juventud  en trece años han  muerto violentamente más de ciento cincuenta mil. 

            Pero no olvidemos que en  treinta años la cifra de nacimientos no deseados o sin soporte  familiar, de padre y madre, puede superar  los tres millones.  Una cantidad parecida  es la que se usa para estimar a los venezolanos que no se quieren inscribir  en el Registro  Electoral, mientras que son cinco  los millones de quienes siendo inscritos no sufragan.

            Esa sociedad debe cambiar. Antes debemos estudiarla para conocerla, comprenderla  y, en efecto, modificarla, para evitar  que lleguemos al desencanto general y colapso total.  El plan de cambio pasa por un afianzamiento interno,  en la conciencia de cada uno    de los venezolanos.

            Esos venezolanos  hoy compran menos periódicos impresos, escuchan menos radio y ven menos televisión nacional, porque en medio del bien acendrado consumismo ahora  juegan a la comunicación social  con sus propias manos y, al mismo  tiempo, están más ausentes  de los grandes problemas.  Esos  mismos que por no comprenderlos preferimos silenciarlos en nuestras conciencias para  no complicarnos la existencia.

            Esta intervención no busca generar miedos y temores. Solo quiere ser realista y mover conciencias para encontrar en Ustedes parte del conglomerado que debe movilizarse para hacer que los medios  de comunicación  social dejen un poco de lado le meta económica para ser  líderes del replanteamiento  de una sociedad que se nos agota sin que, ni siquiera,  tengamos  certeza  de lo que ocurre ante  nuestros ojos.

Sábado 19.10.13

Muchas gracias

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NUESTRA  SEÑORA DE LA CANDELARIA:

LA  IDENTIDAD QUE TRASCIENDE 

 

Sesión Solemne del Concejo Municipal  de Rivas Dávila, Estado  Mérida,

con   motivo de la festividad  patronal de  Bailadores.               

Sábado 01 de  Febrero  de 2014. 

 

Nuestra Señora de La Candelaria.

Nuestra Señora de La Candelaria.

 

 

En Casa Municipal de Bailadores con Virgen de la Candelaria. 01.02.14.

 

La historia  documentada de Bailadores es uno  de los  tesoros culturales que  la ciudad  puede exhibir  con ilimitado  orgullo. Una  parte  es atribuible al esfuerzo civil  hispano y  otra  al esmero de los sacerdotes, es decir a la  tradicional custodia  del patrimonio llevada  a cabo por la Iglesia Católica Universal.

Súbditos de la lejana realeza hispana, sometidos  a  precisas normas legales, cargaron sobre  sus hombros no  solo los pertrechos de combate, herramientas y  bastimentos, sino también los libros que fueron llenados a mano por los escribanos o escribientes, para  dejar  constancia  sustanciada de las   visitas, registrar ventas de tierras, publicar las  sentencias o condenas y  para, igualmente, garantizar  sus  pagos  por servicios.

Imbuidos  en el protocolo real, los útiles  secretarios dejaron  para la posteridad la presencia de   Luis Martín, Juan Modesto de  Meler, Fernando de Saavedra  Valdez,  Diego  de  Baños y Sotomayor y Benito Vásquez Hermoso, entre otros, con tan numerosos  detalles que nos permiten saber, en medio  de  la distancia de los tiempos, que  Bailadores era  el centro más importante del enclave  montañoso intermedio entre  La Grita  y  Mérida.  

El sacerdocio  esclarecido, santificado en el servicio y  en la defensa de lo que hoy conocemos como derechos humanos,  registró con su  propio puño y letra, lo que entonces fueron acontecimientos y que con  el correr   de  los años  ha venido a  ser  el sustento de la identidad católica bailadorense. Los nombres de Pedro Millán y Bartolomé  Carrero han quedado en  sitial  preferente.

Las más  de  las  veces  sin cobrar  los sueldos, estipendios o aportes, los curas  dejaron notas para  guardar  la evolución de esta  comunidad y dejar  sentado que   fue  sobre   bases católicas como se produjo el avance social, no obstante  la existencia  del  poder real y  disposiciones claras sobre  el ejercicio del gobierno, siempre  basado en  el municipio, ayuntamiento o cabildo. En  este  caso,  la autoridad regidora,   hoy   edilicia o  concejil,  estaba  en  la ciudad  del  Espíritu  Santo de  La Grita.

Temprano,  hubo delegados  o protectores  de indios, en  algunos documentos denominados  Procuradores,  buscando  la defensa de  los bailadores conjuntamente con los  vecinos mocotíes.

La sociedad  de los  primeros siglos venezolanos ofrecía un  panorama de  claras  diferencias sociales y económicas. Los españoles habían accedido  a la propiedad,  en   vastas  proporciones, bajo la figuras  de la encomienda y compras a funcionarios de  la Real Audiencia durante visitas, y  mediante el procedimiento legal de la denuncia, certificando  que se trataba de  terrenos  desocupados, aunque  pertenecientes   a  la Corona Real.  La mano  de obra   no podía ser otra  que la de  los  naturales,  los  primigenios  y  verdaderos dueños  de las  tierras.

 Esos propietarios ancestrales, que  no disponían de amparo y documentos, a la usanza hispana, sufrieron los  embates  del descubrimiento y  colonización, quedando sus legítimos  derechos  en el confinamiento  de los  resguardos indígenas, usualmente lejanos.  Pudieron  sobrevivir gracias  a  la presencia  de los sacerdotes que, en todo momento, hicieron valer las  normas y   extendieron su autoridad   moral   hasta la formación de comunidades propias, bajo  el argumento  de la evangelización.

Bailadores fue  centro de  misión antes de ocurrir la formalidad  de la fundación, celebrada con el ceremonial de estilo el 14 de septiembre de  1601. Fueron pocos los nativos que pudieron presenciar  el acto legal de creación del Pueblo  de la Vera  (Verdadera) Cruz, como  se llamó. Un hecho lo explica  todo. Casi medio siglo antes, en  1558, también en septiembre, la hispanidad impuso su modo de conquista, a la   fuerza, causando dolor y muerte.

Cuarenta y tres  años  antes del acto fundacional, ya se mencionaba  a Bailadores o Los Bailadores. De entonces, hasta ahora, han transcurrido 456 años.

 Por   años   los  archivos documentales se mantuvieron en el Convento  Franciscano  y  en el  Cabildo de La Grita. Estos justificaron  la creación  de  una Capellanía y  años  más  tarde del Curato para  devenir  en  1731  en Vice  Parroquia   y   en  1743 en  Parroquia, bajo el Gobierno Superior Eclesiástico de Santafé de Bogotá y  más cercanamente  de la Vicaría   del Espíritu   Santo de La  Grita, la   gran ciudad  colonial  y  promotora  de   Bailadores y  de  la vecina  Regla, hoy Tovar.

Inicio de la sesión solemne en Bailadores

Los  registros históricos nos traen   los nombres   de Juan José Acevedo como responsable del  Curato  y  de  Buenaventura  Méndez como Párroco, muestran   las  visitas eclesiásticas y guardan cifras  que permiten  reconstruir imaginariamente el avance  de la  comunidad, año  por  año.

No obstante, hay  que  destacar  que  numerosos documentos fueron a parar a  los archivos  de Bogotá, La Grita, Mérida y  Caracas, lo cual  deja  incompleta  la base documental aquí  existente,  a lo que  debemos  añadir  que  la  lucha armada  contra  el   régimen  español llevó  al sacrificio  de  los archivos civiles. Las hojas de históricos libros, con valiosos manuscritos, sirvieron para improvisar  bombas de pólvora con mecheros  de  vieja tela.

El Archivo Arquidiocesano de Caracas,  contiguo a  la Plaza Bolívar,  guarda  los documentos relativos  a  la  conversión   de la  Vice  Parroquia   en  Parroquia, junto a otros  papeles originales sobre  la existencia  de los belicosos pobladores motilones y sobre el Padre  Francisco Javier Jiménez  de  Molina, neogranadino de  Bogotá, fundador  del  curato de Nuestra Señora  de Regla.

Es innegable  el aporte  eclesial y   eso  ha sido, justamente, el motivo  y  la razón, junto a la sostenida  fe  de los pobladores,  para  que Bailadores  sea una ciudad mariana,   protegida   por una vieja advocación española originada  en    la  canaria Isla de Tenerife, en el décimo  cuarto  siglo  de la cristiandad.

María, esposa del carpintero José y  madre de Jesús de  Nazaret,  se  presentó  a  los pobladores tinerfeños conocidos como los Guánchez, en 1390, en una  playa  del sur, impactando de  tal manera  que la  tradición oral expandió el milagroso relato a  toda España, se  hizo  devoción  en  las  siete  islas Canarias y en 1594  el religioso e historiador Fray  Alonso de Espinosa editó la crónica para  darle visos  de  posteridad.

Nuestra  Señora  de la Candelaria representa  la luz o candelero que  alumbra  el camino de la salvación y  vida eterna.  Su transportación  al Nuevo  Mundo permitió la presencia  en  numerosas  ciudades y   pueblos de  México,  Colombia, Perú, Bolivia  y   Venezuela, entre otros países. En nuestra entidad merideña  la  advocación  o patronazgo está igualmente presente  en   La Parroquia o Santiago de La  Punta, Las Piedras y  Mesa Bolívar. 

La  fiesta  de la Candelaria tiene  una  feliz circunstancia.  Coincide con  el recuerdo de  la presentación  de  Jesús  de Nazaret  en el templo de  Jerusalén, por sus padres, en cumplimiento de la Ley  de Moisés. Aquel lejano día, dos personajes se anticiparon  y  profetizaron la grandeza  del infante: Simeón y Ana. Fueron los primeros en sostener que  estaban  en presencia del Mesías. La festividad también se conoce como El Encuentro,  en la  Iglesia Católica Oriental.  Otro  buen motivo para  acrecentar  el  íntimo y  compartido júbilo  cristiano.

Los canarios se ocuparon  de  su  difusión,  gracias al deseo  de  tenerla  en  las cercanías  de sus   nuevos  hogares  americanos, pues resulta  bien  sabida  la diáspora  isleña, inicialmente  aventada   por la  crisis de los  viñedos en el siglo XIX y  luego  estimulada   por los beneficios  ofrecidos por gobiernos, como  en  de  Venezuela.

Resulta curioso ese hecho.  No  habían pasado   veinte   años desde   la incendiaria  proclama  de  Simón Bolívar contra   españoles y canarios, dictada en Trujillo el 15 de junio de  1813, cuando desde  Venezuela   se promovía  el regreso o  venida  de isleños, pagando todo y  regalando tierras, el transporte y  alimentación por meses, para  poner  a  marchar   un país  que se  liberó sin saber para  qué.

La  Candelaria es el centro,  la base  y  el soporte   de la identidad bailadorense. El sacerdocio  se  ha encargado de guardarla por los siglos y  en eso  ha  ayudado la piedad  del hombre   y  la mujer  de  aquí, tan sencillos, abnegados, honestos y  fieles  a la enseñanza  legada   de los antepasados.

En  este   2014  recordamos los 394 años del  inicio  de veneración. El Cuatricentenario debe ser un gran  acontecimiento nacional. Sugiero comenzar  a pensar desde ya  sobre este singular  hecho y a disponer de  equipos, proyectos y  aportes.

La identidad es un hecho sociológico, es  una manifestación de   vida, esa forma de actuación y  comportamiento,  es la esencialidad  del ser y  de la comunidad.  Se  puede  difundir, se  puede promover, pero no  se  puede imponer.  Se lleva consigo, a  través  de  los años  y  puede  variar para  enriquecerse, pero no para  desaparecer.

De  no  ser  así, entonces  no sería  identidad, sino que  estaríamos en  presencia   de  una tradición,  la que puede ser  creada, sugerida  y hasta impuesta,  y  se puede  modificar en función  de  un proyecto  social.

La vivencia  mariana  de los bailadorenses es consustancial y se prolonga por efecto de la fe más allá  de los confines  de  la individualidad. Por eso, hace  bien  el ayuntamiento  al convocar a sesión para  decirle al mundo  que aquí  están  los   hijos  de  Nuestra  Señora  de  la  Candelaria, unidos en el ideal cristiano, sin   temores y con  inmenso  gozo, para  reafirmar compromisos y  para   juntar  esfuerzos en  procura  de  aportar  más a  la  felicidad  del colectivo  venezolano.

Y  es que  Bailadores es tierra  de promisión y  como tal riega   sus  tierras  con el sudor de sus  familias para producir  buena parte  de  la alimentación de los venezolanos  y  para  enseñar  que  el trabajo  del  campo es  una  actividad bendecida  por el Dios   de   la Creación,  por estar  estrechamente  vinculada  a la conservación y sobrevivencia  del ser humano.

Bailadores, además de  centro  de  trabajo creador  es comarca   de paz y concordia, centro de irradiación   de la  fuerza  de la familia y  espacio  abierto al culto de las artes, en todas sus  manifestaciones.  Es imposible no tener cultores  del arte en este maravilloso  paisaje montañero, de por si todo aliciente y estímulo.

Aquí  podemos decir, con orgullo y  arrogancia, que  este si  es un  Municipio  Autónomo dentro de la  federación venezolana, porque su  Producto Interno Bruto ha  tenido crecimiento hasta  en  los tiempos de crisis nacional,  no  se aprecian  los desniveles  sociales de otras  latitudes y  el balance  anual conlleva un superávit que influye en forma  determinante   en la economía de comunidades   vecinas, como  el  Municipio Tovar.  El  producto  per cápita es  uno de  los más altos del país.

Y  eso   no es  un  logro  exclusivo de  gobernantes y  planificadores, de ninguno  de los niveles del poder público.  Tampoco es un efecto de la magia o  de la casualidad. Se  trata  de un esfuerzo colectivo,   valeroso y  decidido,  en el  cual  está presente  la  visión de grandeza  de sus pobladores y  el deseo de  asumir con plenitud de  conciencia   la corresponsabilidad y  solidaridad sociales.  Estos dos, son hoy  principios  constitutivos de la nacionalidad venezolana.

Cobijada  por montañas que dibujan bellas  siluetas  cambiantes  durante  el día  con las radiaciones  solares,   esta  comunidad municipal  es un ejemplo de la mejor venezolanidad, esa que   no  vive  de  las   glorias  del pasado,  que  las tiene con amplia suficiencia y convicción libertaria,  sino que todos los días proclama   las grandezas  de la divina  creación y  asume el reto  de  producir más para  el  bien común.

Hoy Bailadores ofrece signos  de la mejor modernidad. Banca, comunicaciones, servicios de  televisión  y   radio, el mejor rendimiento de sus hectáreas  cultivadas, ganadería de altura, hotelería,  actividad cultural y  deportiva, un  sacerdocio de compromiso  solidario y, sobre  todo, estudios superiores para  la  formación de miles de jóvenes, ajenos  a  la contaminación  de la desidia y pereza  de  las grandes  ciudades.

 Distinguidas  autoridades, familiares, invitados y  amigos.

Me siento orgulloso  de  volver  al recinto municipal.  Mi padre, José Daniel, bailadorense de El Hato, estaría  feliz  en medio de  ustedes.  El llevaba  con  emoción  el gentilicio. De niño, mis vacaciones se circunscribían a las diarias  visitas  a mis tíos  Guerra  Parra y  al compartir con  los primos.  Con ellos aprendí que  solo los seres humanos recios,  honestos y  laboriosos, de  buena intención, son  los que pueden  empujar  una sociedad hacia  mejores  derroteros.

Esos hombres y  mujeres los tenemos  por miles, renovándose  con  el  dinamismo y  florecer   de nuevas generaciones, sin traumas y sin  conflictos,  y es lo que  asegura la continuidad histórica y  la pervivencia de los  buenos modos  de  ser.

Al hablar a Ustedes, siento el deseo de proseguir y  abundar en más detalles, particularmente de la historiografía, pero debo ser  responsable en el uso  de  esta ilustre  tribuna, en una  corporación edilicia  que al igual  que  las de Caracas, Mérida y Trujillo, proclamó   la Independencia  Nacional y  luchó para consolidarla. De aquellos hechos surgieron las  razones para  que el Municipio lleve el nombre del militar emeritense Coronel Luis  María Rivas  Dávila.

La abnegación y compromiso independentista  de los bailadorenses sirvió para que el primer gobierno  autónomo  de la Provincia de Mérida, la Junta  Patriótica, le diera  a la comunidad  el honroso título de Villa, en  1811.  

Hago mi  expresión  de  fraternidad a todos los hijos  de Nuestra  Señora  de la Candelaria, con un  abrazo efusivo  a  Monseñor   Luis Alfonso Márquez  Molina, ilustre epíscope del Valle del Mocotíes que  ha  dejado el arzobispado emeritense en medio de los mayores  elogios y adhesiones; a la honorable señora  Doña Blanca Verny (Hortensia) Barillas Herrera de Moret,  activa  y abnegada   devota que ha  encabezado durante  cuarenta  y  seis   años la Cofradía de la Candelaria, y  al  Padre Edduar Molina García,  muchacho canagüense de  gran formación europea y  viajero incansable,  que  es promesa del sacerdocio  merideño y  punto de apoyo para  el desarrollo local.

Y  cierro con  una exhortación. Ustedes, munícipes y  alcalde, tienen condiciones, recursos, razones, motivos y  fuerza  humana para   hacer  de  Rivas  Dávila el Municipio Modelo de  Venezuela, orgullo de  sus pobladores y  ejemplo a seguir en toda la República Bolivariana  de Venezuela.

Dispongan del innato talento  de los bailadorenses, aquí  residentes y avecindados en otras ciudades, utilicen   la innovación y creatividad,  busquen la unión de todos los sectores,  promuevan  la ciudadanía, la organización y  la participación,  y  afinquen   las  metas  en  la corresponsabilidad  constitucional para alcanzar el sitial deseado y bien  merecido.

Vean sus  cargos y posiciones como un servicio social y no como prebenda, sabiendo a la vez que la ilusión de trascendencia por el desempeño será el mayor regalo para   sus  esposas, sus hijos  y  todos sus familiares. Busquen que la historia los reconozca y no que los repruebe. Los retos del servicio público  son fascinantes y gratificantes. Engrandecen la persona,  alegran  el existir y generan optimismo para superar nuevos retos.

Revestidos de honestidad  y  transparencia,  la  Patrona, tan  española como bailadorense,  isleña del Atlántico y  montañera del Pacífico,  bendecirá  todas esas buenas  intenciones.  

Viva   Nuestra  Señora de la Candelaria.

Viva   Bailadores.

Muchas   gracias.

Nilson Guerra Zambrano

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Orador de Orden

Licenciado Nilson Humberto Guerra Zambrano

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LA  SABIDURÍA CONVERTIDA EN EPÓNIMO

 

Sesión Especial  del Concejo  Municipal  de  Tovar con motivo

del Sexagésimo Quinto Aniversario del  Liceo ¨Félix Román  Duque¨.  Viernes   7  de Marzo de  2014.

 

 

La Ciudad  del  Espíritu Santo  de  La  Grita, hoy con más de cuatro centurias  de existencia, es la madre de  estas tierras del valle  intramontano donde  nos encontramos y  constituye  el punto de apoyo para  el establecimiento de los pueblos  de Bailadores  y Nuestra  Señora  de Regla, hoy Tovar.

En  el primer  siglo colonial la principal  sede  del gobierno del occidente venezolano estuvo en las  casas gritenses donde  funcionaron el ayuntamiento, el corregimiento y  la gobernación, en diferentes  años.

Las  neblinosas  calles vieron desfilar con frecuencia a funcionarios de  la Corona  Española,  de alto nivel, tanto  civiles  de la  Real  Audiencia de  Santafé de Bogotá, más tarde   Virreinato,  como eclesiales  del  Arzobispado neogranadino.

El cabildo gritense es uno  de  los más importantes  del continente, tanto que muy temprano  adquiere   tierras y lleva a cabo  un plan de venta  de predios  municipales  a  particulares, para  fomentar  la riqueza agropecuaria y asegurar  espacios cultivables  a los nativos.

Por eso, allí  hay   escuelas y conventos cuando  apenas se acerca   el final del siglo dieciséis, lo cual permite la formación de los futuros hombres honorables, alcaldes, regidores, escribanos, sacerdotes y maestros, dando   paso  a las  artes y  oficios, para que con los años  La  Grita  sea   un emporio  de cultura, de  tanta  significación  que   recibe  el  nombre  de   La  Atenas  del Táchira, por emular  la capital helénica.

Los  siglos y  la  Guerra  de  la Independencia  no envanecen  la ciudad ni  disminuyen  el auge.  Al contrario,  páginas  de especial valor  histórico se escriben colocando  el nombre  de  La  Grita en doradas letras  de honra  y honor.    

En   esa  ciudad de  luz y saber, pletórica  de historia colonial y  republicana, nació el 27 de febrero de  1871 el niño Félix  Román,  hijo Julián Duque Contreras y  Filomena Morales,  de  sangre española y ascendientes con  varias   generaciones en aquellas montañas, ahora venezolanas.

 

Como   todos  los niños, temprano  es llevado a  la pila  bautismal de  la Parroquia del  Espíritu Santo,  en aquel  año regida por el  Padre Santiago Sánchez, y  en el regazo  hogareño recibe  las primeras enseñanzas de catolicidad  y  vida,  a lo que se une el  impulso formativo  del ilustre  educador Ramón Vera.

Por cierto,   éste  es el abuelo materno del político tovareño   Rigoberto Henríquez Vera, parlamentario, diplomático y  gobernador  de nuestro estado Mérida.

De  la mano de Ramón Vera llega  al  Colegio  Sagrado Corazón de  Jesús, una institución   que aún persiste,  fundada  por el eminente  sacerdote trujillano Jesús  Manuel Jáuregui  Moreno, para cursar su bachillerato y llevar  adelante un plan integral de formación,  cristiana, moral  e intelectual.

Félix  Román Duque Morales ingresa  al colegio parroquial, entonces  dependiente del Obispado de Mérida,  donde gobernaba Monseñor Antonio  Ramón   Silva,  siendo  niño,   con  la convicción  de que los   estudios implicaban  un compromiso existencial con la sociedad venezolana y  especialmente con las comunidades  más urgidas por  estar  aún en las tinieblas de la ignorancia.

Por  ello, no perdió un solo día en  actividades innecesarias o improductivas, sino que aprovechó   hasta el último minuto para  formarse en las más diversas  áreas del conocimiento universal.

Es  así como  concluye sus estudios formales de bachillerato convertido  en un maestro que habla  y escribe latín,  y  avanza en otros idiomas, lo que se   une   a su  proverbial  responsabilidad y abnegación, para  alcanzar  la  Secretaría del  Colegio  y  la ayudantía del  director Jáuregui Moreno.

Materias como Teología, Filosofía, Aritmética, Gramática, Historia Universal, Historia Sagrada, Geografía y Oratoria eran  de su  pleno dominio.

Convertido  en un portento de  sabiduría,  sigue cursando estudios en otras  asignaturas   que se incorporan al pensum, es  profesor y aparece en todas las listas de los jurados examinadores. Esto  confirma la   amplitud de  conocimientos.

En  los pasillos colegiales tiene  amigos, compañeros  de clase  y  discípulos.   El Padre Jáuregui  no se conforma  con  tener buenos profesores.  Los actualiza  y con ellos promueve  las  nuevas cátedras, lo que da lugar a  una experiencia pedagógica sin antecedentes.

El alumnado se compone de  un gran número de sacerdotes. De allí salen obispos como Miguel Antonio Mejía, deán  de Mérida y  titular en Guayana, y  el legendario  Monseñor  Acacio Chacón Guerra,  durante cuarenta   años  Arzobispo   de Mérida  y  gran impulsor del desarrollo espiritual  y material andino.

Salen  civiles bien aquilatados en conocimientos como José   Eleazar  López  Contreras, Presidente   de la  República;   Diógenes   Escalante, Canciller; Emilio Constantino Guerrero, eminente humanista; Gerónimo Maldonado, Gobernador  de   Carabobo; Angel María  Duque, educador; y Antonio Rómulo Costa, hoy epónimo  de   uno  de los municipios  tachirenses.

De Tovar acuden Pablo Maldonado  Nieto y Vicenzino Citraro, entre  otros.  El primero alcanza  a ser   Vicario de  La Grita y Párroco de Nuestra  Señora de Regla. El  segundo honorable hombre de negocios.       

En  términos de comparación académica, el Colegio Sagrado Corazón de Jesús viene a  ser  una  universidad eclesial, abierta a  los seglares y civiles,  y dentro de ella   el ya  bachiller Félix Román asume interinamente  la rectoría, llegando  a posiciones docentes  al lado de sus maestros Vera y Jáuregui.

Es decir, un orgullo para la cultura gritense y un modelo de  alumno  y  docente, difícil de encontrar en aquella  vida  venezolana del siglo  diecinueve.

Los  requerimientos  educativos  de los pueblos tachirenses  recalan, por la vía de  sus personeros, en  las  aulas gritenses y  el Padre Jáuregui accede  a la propuesta   que le hacen a  Duque en  San José   de Bolívar, para  fundar  escuela, por lo  cual se desprende temporalmente de tan valioso educador.

Al regresar  a  La Grita, cumplido el objetivo, dirige  la  escuela de educación  primaria del Colegio Sagrado Corazón de Jesús, alternando  en varios años con clases  en otros  tres institutos locales (Escuelas de  niñas, de Paulina Rubio y  Virgen del Carmen), con enseñanza en Rubio (Escuela Municipal y Compañía Instruccionista),  con la promoción de  la prensa  semanal y  con el ejercicio de  la función ejecutiva en el Concejo Municipal, hasta   que acepta ir  al pueblo de  San Simón  a  dirigir  la escuela federal.

Transcurren dos  años en   el vecino  y grato pueblo sansimonense.  Allí ocurre  el encuentro  de   Duque  con el  sacerdote   zedeño   Ramón de  Jesús  Angulo, compañero del colegio  de La  Grita, quien  termina por convencerlo para que sea   el  profesor  de un colegio proyectado como  una empresa privada, sin fines de lucro, para  formar   a los numerosos muchachos de las familias productoras  del campo y  comerciantes  de la localidad.

Es así como  surge el Colegio Santo Tomás de  Aquino, más tarde Instituto Duque, en  aquella pequeña localidad  de cien casas y cerca  de quinientos habitantes. Las  labores se inician el dos de mayo de 1911, al  amparo de pudientes  familias  como Adriani Mazzei, Carrero, Salas  y Márquez. Once alumnos conforman una breve y  calificada matrícula. Cuatro son  Adriani, dos Carrero, dos Salas, dos  Márquez  y uno   Rangel. 

Los programas  educativos nacionales ya son conocidos por  el  Bachiller  Duque. La legislación  no impide  que  el concepto pedagógico propio se implemente y  es  así como surge el aula  ambulante, con clases   a  las orillas  del riachuelo Murmuquena,  en los bosques de  La  Varita, ante  los petroglifos  del camino que sube al cerro La Cuchilla, en las cercanías  de Santa  Bárbara,  en  Morro Negro para ver el horizonte lacustre y las nieves perpetuas  de la sierra emeritense,  y  en el propio templo  de Nuestra Señora  de Las Mercedes.

El Bachiller Duque  revisa los caminos y  plantaciones, para  encontrar minerales, identificar suelos y capas geológicas,  y experimentar medicina natural con hierbas y raíces, todo lo  cual enseña a sus  alumnos y   aplica  a numerosas personas de manera  gratuita.

Su  actividad  es  intensa.   Los  comerciantes  utilizan  sus conocimientos para  acercarse a la moderna  contabilidad, en libros,  las lecturas  no cesan,   atiende  alumnos  fuera  del horario de  clases, dialoga con  los hombres   notables, escribe en  la prensa, dibuja  al creyón,  ejercita la escultura, hace vida en el centro social, promueve las  fiestas patrias, especialmente los  centenarios  de la Independencia y  del fallecimiento del Libertador Simón Bolívar. Atribuyó especial significado al Día  del Árbol como una  fiesta de importancia social, moral y económica.

Solo  metros  separaban su casa de  la  del  acreditado comerciante y  agricultor italiano  Don José Adriani, cuyas inversiones de fines del siglo pasado  ya han fructificado y se han  expandido. Se hace  contertulio de  tan respetado personaje. Este  recibe prensa  italiana, enviada por correo marítimo hasta Maracaibo, por via lacustre hasta Santa Bárbara y  por tierra  a la nueva Murmuquena.  Siendo conocedor del idioma itálico, Duque   hace un apropiado seguimiento de  la Primera  Guerra Mundial.

En esas tertulias temprano  aparece Alberto Rómulo Adriani Mazzei, hijo  de  Don José, brillante   alumno de  Félix Román  Duque que con  esmero se  nutre del sabio gritense para aprender idiomas,   geografía  y geopolítica, alcanzando una madurez   tal que a los dieciséis años escribe  un programa  de gobierno para  aquel  ruralizado país.

Adriani,  el primer economista nacional,   es el fundador del  Ministerio  de  Agricultura  de  Venezuela, en  tiempos del  Presidente  López Contreras, y   luego  ejerció el despacho de hacienda. Murió tempranamente, cuando se pensaba sería un progresista Presidente de la Nación. Se le conceptúa como el estadista  venezolano  del  siglo veinte.

Duque enseña oficios útiles a  todos los  interesados,  de manera gratuita.  Los primeros  zapateros zedeños surgen de su casa,  al  igual que carpinteros,  albañiles y sastres.

No se aleja de  la enseñanza, pero  le alcanza  el tiempo  para inmiscuirse  en los asuntos del gobierno local, a  través   de  la Junta de Fomento. Desde allí emprende, con otros virtuosos ciudadanos, la construcción del acueducto, con apoyo  del  gobierno  estadal,  mediante  ejecución  directa, en un ensayo  de descentralización  administrativa para entonces inédito. Interesante de estudiar.

Siempre  vinculado a La Grita, y  con  vasta  experiencia pública, fue  elegido diputado  al parlamento tachirense, donde impulsó el mayor homenaje   que  se le ha rendido a  su  maestro  Jesús  Manuel Jáuregui, al darle  al  distrito grande del norte y  este del Táchira su nombre, en  manifestación de orgullosa gratitud.

Es  oportuno  destacar su matrimonio, en Zea, el  25  de septiembre  de 1912, con  la señorita Ana Teresa  Sánchez Martínez, de cuya unión nacieron  los  distinguidos venezolanos  José Román,  Julio  Emiro, Néstor Alirio, María  Teresa y Silvio Ivo. 

El primero, José  Román, presidió  durante cuatro períodos  la Corte Suprema de Justicia y un hijo suyo, nieto de  Don Félix  Román,  Román José,  fue  magistrado de ese  máximo  tribunal,  presidente  de una academia  nacional y hoy máximo directivo  de la  Fundación Alberto Adriani.

HERENCIA EDUCATIVA

Félix Román   Duque concibió la enseñanza como un servicio  a la sociedad, como  apostolado en el sentido  cristiano de la palabra y como una elevada responsabilidad, para la cual consideró  necesario una constante, amplia y  bien planeada  formación.

Predicó con el ejemplo, sin  hacer  de la profesión docente una labor solo para ganar  dinero. Un solo ejemplo  puede ilustrarnos. Cuatro décadas más tarde de su  inicio como educador no le alcanzaban los ingresos  para enviar su hijo mayor a cursar el bachillerato   en Mérida. Afortunadamente, José  Román había sido  formado en la  educación  para  el trabajo, en la disciplina y el orden, junto a la cuidadosa caligrafía, todo lo  cual le  abrió el camino  laboral.

Al lado  de las lecciones científicas  y humanísticas,  inculcó a sus  alumnos  preocupación   por el prójimo y la sociedad,  enseñó moralidad  y civismo,  destacó la grandeza  de alma de la mujer, exhaltó el trabajo para  incidir en el bienestar colectivo, sus  análisis y reflexiones le llevaron a  tener un manual propio sobre la importancia de la familia   y  la patria,   destacando  que la paz y  la convivencia eran signos  de las naciones  adelantadas y se aprendían desde el seno hogareño.

Creyó  en la educación  para  todos, sin  separaciones o discriminaciones, por lo que sus lecciones eran regias y doctorales,  en un contexto social específico, y  sencillas  y demostrativas para lograr  que muchos niños  y  jóvenes ingresaran  de manera útil en el trabajo  creador.

Cuando recibió la Medalla de  Oro al Mérito Educativo (02.05.1926)  se  sintió  honrado. Era el premió a la sabiduría, desplegada con modestia, bondad, serenidad, convicción, fe y serenidad. El maestro justificó  el reconocimiento   por la calidad y  desempeño de sus alumnos.   Especialmente  orgulloso  se sintió de su discípulo   Alberto Adriani,  quien en una sentida carta escrita   en Londres el diez  de  junio de  1926 le  señaló:

¨ En lo poco que  he podido   hacer y en la obra que pueda reservarme  el  futuro, deberé  mucho a los años de adolescencia y  de primera  juventud, que pasé  en su  Instituto,  y que son los que verdaderamente cuentan  en la  formación moral  e intelectual”.

“Lo  bueno que  pueda haber en mis  ideas y en mi  conducta deben  mucho a la noble  inspiración moral  de su enseñanza”.

Señor  Presidente  Municipal

Honorables  concejales

Es un gran acierto que ustedes  hayan venido a sesionar en este recinto académico.  La decisión les  honra por los méritos  institucionales del plantel y por la grandeza  del epónimo.

El mismo Concejo Municipal que ustedes  conforman distinguió a Félix Román  Duque, en vida,  declarándolo  Ciudadano Meritorio del entonces  Distrito  Tovar.

Profesores, personal   administrativo y obrero

Alumnos

Señoras  y  Señores

Como  ex alumno  del Liceo   Félix Román Duque  siento  inmenso orgullo al  venir  a celebrar esta importante   fecha  entre  Ustedes.  La   historia del plantel incluye  a centenares de profesores y miles de  alumnos. Sin  olvidar empleados  y obreros. Todos somos parte  de ella. Todos   debemos   gratitud y lealtad.

Por eso, hoy hacemos elogio a quienes   promovieron gestiones para  lograr su creación,  a los directores y  personal docente,  empleados, obreros y estudiantes, y  hacemos  oración por los compañeros estudiantes fallecidos  trágicamente en febrero de 1973,  cuando  el paseo recreativo del  Día  de la Juventud tornó  en  luto colectivo a la ciudad.

La  incidencia  del Liceo   felixduquense en  nuestra  sociedad tovareña es muy  grande.  Alumnos de muchos lugares  del país, están  esparcidos como profesionales  dentro y  fuera  de  Venezuela.  Los hay  sacerdotes, militares  de  alto rango y baja graduación,  ingenieros, economistas, abogados, geógrafos, educadores, contadores,  administradores, médicos, odontólogos, en fin, de todas  las áreas  laborales.

Familias  de los pueblos del  sur merideño, de Bailadores, Zea, Santa Cruz  de  Mora, del  Sur  del  Lago y  de la  vecindad  tachirense recalaron en  Tovar para asegurar la  educación de sus  hijos,  a  sabiendas de contar con esta ilustre institución.

Tengo palabras de  elogio y sentida  gratitud para quienes fueron mis formadores  en estas aulas.  Esteban Ramón  Quintero,  Arístides  Molina, Denis Terán Peñaloza, Haidée  Villamizar de Sánchez, Graciano  Molina  Alviárez, Arturo Espinoza, Angel Rafael Rodríguez,  Alfirio Méndez Arellano, Elvigia Lobo, Alí  Hernández Paredes,   Alfonso  Aragón,  Presbítero  José  Contreras Pulido,  José  Gabriel Moret  Blanco,   Débora Mora, Luis Villanueva y  el  bien  recordado Bachiller  Luis  Altuve Valbuena. 

Cierro mis palabras con una sentida expresión de  regocijo y admiración por   aquellos alumnos  que  regresaron   convertidos  en educadores, en  buenos docentes y  guías de juventud. Uno de  ellos  es mi  compañero de clases y  amigo Licenciado  Juan Carlos González,  homenajeado  en este acto.

Juan  Carlos sienta mucha  alegría de  seguir los pasos  de nuestro ilustre  epónimo, el sabio   Félix Román Duque.

Muchas gracias    

Lic. Nilson Guerra Zambrano

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Trigésimo primer aniversario municipal de Guaraque

 

Discurso de Orden del Licenciado Nilson Guerra Zambrano durante Sesión Especial del Concejo Municipal de  Guaraque, con motivo del trigésimo primer  aniversario  de la autonomía municipal. 20/12/2016

 

                                                                                                                          

            Hoy es un día de especial significación en la vida local. Nos  reunimos en asamblea de ciudadanos,  residentes y visitantes, en medio  de la solemnidad del protocolo edilicio, para  recordar el trigésimo primer  aniversario  de la autonomía municipal.  El acto legislativo de la Asamblea de Mérida marcó el inicio de un nuevo tiempo, implicó un reto para la dirigencia social y afincó sobre mejores bases la aspiración colectiva de una vida mejor.

            En adelante, Guaraque no es pueblo de remota ubicación y  ajena dependencia, sino que se iguala  con sus hermanas menores  de  Tovar y Bailadores, en cuanto a tener gobierno propio, mandatarios de elección libre y directa, y  plan administrativo para ejecutar el presupuesto constitucional e invertir los recursos propios.

            Inocentes Rodríguez y Rósmel Sánchez Noguera, socialcristianos como la mayoría política histórica, son los primeros  alcaldes, luego asume  Carlos Alí Guerrero, de las huestes de la nueva fuerza nacional, denominada Quinta República, y en la  actualidad desempeña la función Félix Orlán Rosales,  encumbrado por las fuerzas unidas de la oposición  democrática.

            El nuevo  municipio ha visto crecer la población general, el  estudiantado, las comunicaciones, las hectáreas cultivadas, la producción, la riqueza y, sobre todo, el entusiasmo de sus habitantes para seguir siendo una fuerza económica determinante en el Estado Mérida. Estos nuevos tiempos también han coincidido con las ordenaciones sacerdotales,  de mayor número que en todas las épocas anteriores. Un orgullo para hogares y ciudadanía.

            La  conmemoración autonómica tiene la  feliz  circunstancia de que un hijo de la tierra, específicamente  de la aldea Cañutales,  el abogado y profesor universitario Nemesio  Rujano Verde  vino con esposa, hijos y nietos para  presentar  su  primer libro, conformado por numerosas anécdotas y narraciones de su vida, con un cariñoso énfasis en  sus  años infantiles y  de la mocedad en estas montañas y páramos.

            Rujano Verde expresa su  adhesión a la guaraqueñidad, para reforzarla y elevar la estima de sus habitantes, dejando con su decurso vital un ejemplo y a la vez lección, porque  se  puede triunfar aun cuando  se nazca en un lejano sitio y  se  aprenda  a leer  y escribir a los dieciocho años. Una real desventaja para ir a una ciudad, pero también un desafío que el autor supo enfrentar con valentía de guaraquense y con intuición  de campesino sereno.

            Soy amigo de Guaraque desde mis años  de estudiante de bachillerato (1971 – 1975). Venía una vez  al mes, desde  Tovar como incipiente periodista, para saber  de sus  noticias y  acontecimientos. En  aquellos  años me recibía con afabilidad el pregonereño Braulio Vergara Méndez, presidente   de la Junta Comunal y líder de los copeyanos. Hombre  de méritos que sufrió persecuciones en el trienio que vino luego de la abrupta  salida  del Presidente Isaías Medina Angarita, en 1945. Solía  estar  acompañado del Prefecto Francisco “Pancho” Rodríguez y  del compañero de junta  Francisco Amenodoro Carrero, a quien citaba  como Lolo. En algún momento conocí a Jacinto Rodríguez y Clímaco Carrero, benefactores  de la parroquia  eclesiástica de Nuestra  Señora de Santa Bárbara.

            He  venido a presentar  a Ustedes algunos elementos historiales de la etapa colonial guaraquense y  otros  del siglo pasado. Estos  últimos constituyen lo que podría llamar  la etapa contemporánea. Ambos resultan de  especial interés por las históricas novedades que contienen.

La tierra guaraquense posee historia, identidad y perfil propios, distintos a los  de ciudades  y  pueblos del Estado Mérida, con la feliz circunstancia de ser una  de las comunidades ancestrales más antiguas  del occidente venezolano.  Es  probable que su antigüedad supere los cinco siglos, pero para  afirmarlo no  tenemos fuentes documentales a la mano.

            En ese sentido, he  dedicado tiempo a la búsqueda de esos papeles históricos que puedan  probar la existencia  del viejo Guaraque en los siglos dieciséis y  diecisiete,  gracias al denodado  interés de la rama legislativa del Gobierno Municipal, bajo la Presidencia  de Manuel María Rujano.

            Los documentos historiales  de Guaraque correspondientes a la etapa colonial, en su mayor parte, se encuentran  en versión original, en el  Archivo General de Indias, en Sevilla  (España),  por haber sido  remitidos a la  sede real hispana  desde la  Real Audiencia y Cancillería  (alto tribunal con funciones  administrativas) y Virreinato  de  Santafé de Bogotá,  en diferentes años.

            El Archivo General de la  Nación, en Caracas, conserva una importante colección bajo el nombre Los Andes, conformada por transcripciones hechas por el Hermano Nectario María,  miembro de la congregación católica lasallista que dedicó años a copiar los  viejos  papeles relacionados  con Venezuela,  en el repositorio hispano, utilizando máquina de escribir o de teclas. Todo lo hizo con mucho  esmero y precisión.

            En esa importante obra del acucioso investigador y paleógrafo se incluye, entre otras,  la visita del Oidor (o juez) de la Real Audiencia de Santafé de Bogotá Licenciado  Diego  de Baños y Sotomayor,  entre 1655  y 1663, a la geografía  oriental del territorio  de Nueva Granada, futuro Virreinato  desde 1717, dentro del cual estaban las ciudades  del Espíritu Santo de La Grita  y Santiago de Mérida,  y pueblos de indios  como Bailadores y Benegara, entre otros.

            Dentro de Bailadores (o los bailadores) se encontraban las comunidades de  Mocotíes y Guaraque, visitadas por  Baños.  Su presencia nos permite un detallado conocimiento de las parcialidades indígenas,  gracias a que los escribanos (secretarios o notarios) guardaron  los detalles de  los pobladores, uno   a uno, y en cada oportunidad  se hizo juicio breve (sumaria secreta) de los encomenderos, por  sus procedimientos y actuaciones  en contra  de los pobladores encomendados.

            La detenida y exhaustiva lectura y revisión, cotejando  fechas y nombres,  hecha en el Archivo  General  de la  Nación,  desde mayo  hasta  agosto  de  2014, por encargo  del Concejo  Municipal  de Guaraque, de sesenta  tomos, con el consiguiente  copiado a mano y luego transcripción textual de cinco grandes documentos, nos permite  arrojar luces sobre  la antigua  comunidad guaraquense, de manera  positiva aunque parcial.

            Los documentos sobre la visita del Oidor  Baños a los indios guaraques, que no ocurrió  en Guaraque, sino  en lo que hoy es Tovar, a  donde  fueron llevados los pobladores con su encomendero el seis  de mayo  de 1657, revela  interesantes detalles. El empadronamiento  se cumplió  con  la presencia de un sacerdote y  de funcionarios  del Ayuntamiento (hoy Concejo Municipal)  de La Grita, en  aquellos años la ciudad más importante del ande venezolano.  Asistió  y  firmó el documento  el  Padre franciscano Bernardino de  Campos, Guardián  del convento  gritense. También el Capitán  Pablo Meneses Toledo, protector general de indios, el corregidor Toribio de Hevia y  como  testigo  el encomendero Francisco de  Escalante.

 Ese  día tiene lugar la primera expresión de ejercicio  democrático y soberano de los guaraquenses. Eligen por aclamación al joven Andrés, de diecisiete  años, como cacique, ratifican a Esteban, de veintidós años, como  capitán y a Gabriel, de cincuenta  años, como gobernador.  Andrés era nieto del anterior cacique. Entre las funciones del capitán destacaban la convocatoria y  recolección de los pobladores, y  ayudar al cacique. Esteban y  Gabriel tenían esposas: Victoria  de  quince  años y Teresa, de cuarenta y cuatro, respectivamente.

Quedo claro que  existía un modelo de autoridad y gobierno propio.

El censo arrojó la presencia  de ciento cuarenta y ocho personas, entre mayores y menores. El listado señala en primer lugar  al cacique, luego treinta y un indios útiles o tributarios (que pagaban impuestos  a la Corona Española), cuatro reservados, setenta y  nueve de la chusma (niños, mujeres y discapacitados) y  treinta y  tres solteros y huérfanos. Están todos los nombres, sin apellidos. El más frecuente es  Baltazar, con cinco menciones.

Tenían iglesia de bahareque con techo  de paja, imágenes y ornamentos. Contaron, hasta fines  de  1656, con el adoctrinamiento del sacerdote franciscano Pedro Millán, quien falleció luego de acompañarlos por varios años. Esta  ausencia los obligó a recorrer kilómetros hasta las afueras de Bailadores  para  escuchar  misa  en la capilla del Padre Bartolomé Carrero de Escalante.

            Presencia de doctrineros del  Convento  Franciscano de La  Grita, intromisión  de otros encomenderos, traslado de indios, falta de pagos, son algunos de los asuntos que se nos  revelan los documentos de la Sumaria Secreta o juicio, celebrado el día  siete  de mayo del mismo año 1657.  En  este procedimiento rápido los indios  expusieron sus quejas y  reclamos.

Queda indicado que hablaban una  lengua distinta   a  la española, por lo que actúan como traductores Cristóbal y Agustín, de cuarenta  y cuarenta y cinco años, respectivamente, miembros de la comunidad. El Oidor Real  dispuso en La Grita pena de multa (cuarenta  pesos a ocho reales) al encomendero guaraquense Salvador Fernández de Rojas, por no haber gestionado la asignación de sacerdote a la doctrina, por haber ocupado seis indios fuera del pueblo, a dos leguas, por no haber protegido las siembras del daño  del ganado y por haber  violado las reales  cédulas que prohibían el servicio personal. La sentencia  se dictó el trece de mayo  del mismo  año de 1657.  Canceló el día dieciséis.

Otras sanciones recayeron en Diego Nevado (mayordomo  de Alonso de Contreras), Cristóbal Nieto, Gaspar de Contreras y Diego de Escalante, porque  sus animales afectaron cultivos de los nativos y no  fueron reparados los   daños. Alonso de Contreras había sido corregidor   de indios  y  en su defensa  presentó opinión  del Gobernador guaraquense Gabriel.

Igualmente aparecen los  detalles del mecanismo  de protección  de los indios, fijación de estipendios  y la venta de tierras a  Salvador Fernández  de Rojas   en  Mocotíes, hoy Tovar por veinticuatro patacones pagaderos en un  año ante el Juez de Cobranzas Reales. En  aquel citado año poseían tierras  de cultivo en Guaraque Juan Bautista  Osorio Rujano, Alonso Contreras y  el Presbítero Bartolomé Carrero de Escalante, y  estancias  de  ganado Gaspar Contreras, Cristóbal Nieto, Diego de Escalante y Gonzalo Mejía. Los cultivos conocidos eran  de maíz, trigo, yuca y  plátanos.  Los otros encomenderos dentro del llamado “pueblo de los bailadores”  eran Francisco de Escalante, Luis Soga Lovera, Teresa de Castilla, Gonzalo Mejía, Alonso de Contreras, Benito Vásquez Hermoso y Francisco Guerrero Librillos.

            Lo más  importante, con ribetes  de relevancia, es haber ubicado  el título  general  de cuatro encomiendas  distintas de Fernández de Rojas, dado   en Mérida el  24 de  Abril de 1653,  por el Capitán General y Gobernador (de Mérida  San José y Espíritu Santo de La Grita) Juan Bravo  de Acuña. Fernández  era nativo de  esa   ciudad e hijo del alcalde ordinario  Juan Fernández de Rojas y de su esposa Leonor Rangel.  Las encomiendas eran Guaraque, Benegaras, Manatetas y Borriqueros, dadas por dos generaciones. A su muerte heredaba el hijo mayor o legítimo sucesor.

            Este documento, presentado por Fernández al Oidor Baños en  La Grita el quince  de mayo de 1657,  nos permite descartar  la fecha de firma de la concesión  o título como la  fundacional de Guaraque, dada  la circunstancia de  que solo se trata  del día en que se  firmó la merced o gracia,  es decir la asignación  de la encomienda, que estaba vaca (vacante) por el fallecimiento del titular  Juan Goire de Salazar.

            Los  trámites de entonces obligaban  a pagar un impuesto, tomar posesión y gestionar ante el Reino de  España (Su Majestad)  el título definitivo. Para posesionarse se hacía una previa  solicitud por sí  mismo o mediante  apoderado.

            Queda pendiente  ubicar la aprobación de Salvador  Fernández  de Rojas para instalarse  como  encomendero, asunto imposible de hacerse el mismo día de la emisión  del título, por razones  de distancia,  de tiempo y de no constar prueba documental alguna,   y los hechos que rodearon la vacancia de la encomienda, y si más adelante  el propio Fernández  llevó a cabo un acto fundacional.

            Las características de la personalidad de  Fernández, tomadas de los textos  escritos en el título, no hacen pensar que llevó a cabo un acto protocolar o de instalación  del pueblo, pero esto pudo ocurrir  con la presencia de Juan Goire de Salazar, dado el hecho de que era un hombre de mayor experiencia  y en su hoja de vida  destaca el ejercicio de la  Alcaldía de su natal Villa  de Leiva, en Boyacá, entonces  Nueva Granada y hoy Colombia.

            Un año, un mes y una semana  antes de la emisión del título  a Fernández  de Rojas había muerto Goire  de Salazar, en  Villa de Leiva el 31 de mayo de1652. Era hijo del Capitán neogranadino Juan Pérez de Salazar y  de la gritense María Magdalena de Velazco y Silva. La fecha luctuosa permite pensar que su encomienda  data  de al menos diez años antes (1642), ya que generalmente se otorgaban por dos vidas (generaciones).  Otra encomienda suya, en  Sáchica (al oeste  de Tunja) fue asumida por su hijo Pedro de Salazar.

            En consecuencia, es necesario continuar  la investigación para  buscar el origen de la   encomienda  de Goire de  Salazar, su desempeño,  la probable  formación del pueblo, su desempeño y su regreso a la tierra  natal.

            Aún quedan por revisar otros tomos de transcripciones, en el Archivo General  de la Nación,  e igualmente es conveniente orientar acciones hacia el Archivo Histórico de La  Grita  (Registro Principal  del Estado Táchira), donde ubiqué un interesante documento  de 1824, un censo donde se citan  los  258 habitantes  de Guaraque. No se descarta   la posibilidad  de investigar  en el Archivo Nacional de Colombia, importante repositorio colonial, y  en el Archivo General de Indias, en Sevilla. En  este último podría  estar el documento  fundacional de esta laboriosa comunidad.

            Hasta aquí las novedosas incidencias coloniales. Paso ahora a tratar sobre lo reciente, visto mediante  la revisión pormenorizada  del primer diario  de la sierra merideña, órgano oficial del Arzobispado. 

La  colección  de periódicos del  Estado Mérida,  en la  Hemeroteca Nacional,  conserva miles  de ejemplares  del  diario católico “El Vigilante”.  Es un tesoro periodístico porque se puede hacer un seguimiento detallado de los acontecimientos estadales y nacionales de primera importancia, al  igual  que de asuntos de difícil  olvido como la Segunda  Guerra Europea  o Mundial y el Bogotazo, de 1948.

Se  puede entender la  historia política merideña si revisamos  día a día  las noticias y comentarios,  básicos para entender el liderazgo bien soportado  del socialcristianismo en aquellos años iniciales  de la vida democrática,  el  espíritu hegemónico de la social democracia, proveniente  del pensamiento  comunista,  y el soporte social del  Arzobispado  regido por  el Ilustre Monseñor  Acacio Chacón Guerra.

Guaraque, entonces un municipio (luego  se le llamaría foráneo) del Distrito Rivas Dávila, aún sin carretera, destaca por su notable  presencia en informaciones,  noticias, comentarios, etc., de una manera tal que ha valido la pena  hacer  recopilación, con la cual nos ponemos  en conocimiento  de una parte de lo que podríamos llamar “la historia contemporánea”.

Se hace periodismo en Guaraque,  sin tener imprenta o periódico como Tovar. No obstante,  hay  años en los que la guaraqueñidad tiene más presencia en “El Vigilante”  que la  tovareñidad. Resalta  como primer corresponsal y a la  vez agente el  señor  J. Venancio  Quintero, cuyo decurso vital debemos indagarlo más adelante como pionero de la comunicación social, mientras los sacerdotes Silvestre Pernía, Manuel  Taciano Barillas, Amenodoro Garí Gutiérrez y Vicente Alarcón son los conductores de una entusiasta feligresía cuyas manifestaciones públicas son relevante  noticia.

Las notas sociales revelan una especial consideración y aprecio  por las familias guaraquenses,  cuyo desfile por la capital merideña es constante. No hay semana en que  no se citen damas y caballeros que arriban  a la  ciudad serrana.

El análisis periodístico deja ver un estilo sencillo y ameno, sin lujos literarios y sin fotos,  pudiéndose apreciar aportes de otros escritores o colaboradores, y mostrando  que los envíos a Mérida  se hacen con inmediatez, lo que no  ocurre con la  inserción de esos materiales, que se hace días después.

Las noticias  de ese ayer contemporáneo hoy podríamos  calificarlas  de  actuales, es decir pertinentes para ser difundidas, porque relatan la creación  de escuelas, visitas  del Presidente del  Estado  o Gobernador, creación de Caja Rural, informe  de la Junta de Fomento (luego llamada Comunal), inauguración  del acueducto y telégrafo, fiesta patronal, ampliación  del camino a  San Francisco, misiones y visitas  pastorales, primer  sacerdote nativo, quema de un puente de madera sobre el río Huesca, primera misa en Rio Negro Arriba, entre  otras.

En el orden político hay un  hito histórico fundamental: la creación del Partido Unión Federal Republicana, liderado por el  ex gobernador  lopecista Hugo Parra  Pérez, antecedente del  Partido  Socialcristiano Copei. En Guaraque sus dirigentes fueron atacados duramente  por funcionarios del  gobierno de facto de  Rómulo Betancourt (1945  - 1948) y agredidos con motivo  de las elecciones que ganó el escritor  caraqueño Rómulo Gallegos.

Un hecho de singular importancia es la ordenación sacerdotal del guaraquense Jesús Manuel  Maggiorani Lobo, formado en  la  Universidad de Chile y Seminario San Buenaventura de Mérida, hecho  que tuvo lugar  en la Catedral  de la Inmaculada el diecinueve de  abril de  1943.  Su  carrera  eclesial  es vertiginosa. Pronto es el Director  de  “El Vigilante” y  Secretario  en visitas del Arzobispo Chacón Guerra hasta ser el sub  secretario de  cámara y notario.

Debidamente autorizado, debuta  en la arena política para defender la Doctrina  Social  de la Iglesia Católica.  En las elecciones municipales   de mayo  de 1948 encabezó la plancha del Partido Unión Federal  Republicana  en el Distrito Libertador.  Ganaron con facilidad.  Ocupó  la Vice  Presidencia del ilustre cabildo emeritense.

En conclusión, Guaraque ocupa  un lugar importante  en el periodismo merideño como centro de noticias.  La recopilación que hoy posee el Concejo Municipal nos permite conocer una interesante etapa  de la  vida local, que podrá  ser ampliada próximamente.

            Apreciados amigos.

            Venir  a compartir con ustedes  es un motivo  de legítima complacencia. Este municipio tiene  gran  significación histórica y económica  en nuestra  entidad federal. Es uno  de los de mayor  ingreso per cápita. Su  gente ha impulsado numerosas empresas en todo el país. Un hogar guaraquense es una escuela de buenos ciudadanos y ejemplares católicos.  Con mi alegría por  esta grata sesión y  la condecoración  que me han conferido, quiero exhortarles a que sigan preservando los espacios  naturales montañeros, donde no hay  erosión ni contaminación, y que promuevan iniciativas para incrementar las visitas turísticas a tan maravillosos parajes, únicos en  Venezuela.

            Estoy   seguro de que las universidades establecidas en el Estado Mérida contribuirán para la formulación de proyectos eco-turísticos y que inversionistas  locales  podrán aumentar la capacidad de recepción con nuevas posadas, servicios de transporte, sitios  web de información, publicaciones impresas y puestos  de alimentación.

Muchas gracias.

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